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La práctica consiste en una
consideración perseverante y frecuente de la obra
que se lleva a término mediante las manos, a partir
de una materia, de cualquier clase, hasta el ajuste
final de su
diseño. El razonamiento es una actividad
intelectual que permite interpretar y descubrir las
obras construidas, con relación a la habilidad y a
la proporción de sus medidas. Por tanto, aquellos
arquitectos que han puesto todo su esfuerzo sin
poseer una suficiente cultura literaria, aunque
hubieran sido muy hábiles con sus manos, no han sido
capaces de lograr su objetivo ni de adquirir
prestigio por sus trabajos; por el contrario, los
arquitectos que confiaron exclusivamente en sus
propios razonamientos y en su cultura literaria, dan
la impresión que persiguen más una sombra que la
realidad. Pero, los que aprendieron a fondo ambas,
silo han logrado, adquiriendo enorme consideración,
pues se han equipado con todas las defensas, como
así fue su objetivo. Respecto a los cuadrados y
triángulos, en una cuarta y en una quinta ( Se
refiere a los pitagóricos que defendían la
proporción armónica del Universo y el famoso
concierto de las esferas); y también con los geómetras, sobre el tema de la visión que en griego
se llama logos opticos. Y así en el resto de las
ciencias se dan muchas cuestiones que son comunes a
otras, pero como tema de discusión. La categoría de
los trabajos que manualmente o bien con la práctica
alcanzan distinción, es algo propio de quienes se
han instruido ellos mismos exclusivamente en una
sola de las ciencias, para llevar a cabo su
especialización. Por tanto, resulta claro que ha
actuado convenientemente quien conozca relativamente
bien las partes y la estructura de cada una de las
ciencias, que son precisas para la arquitectura,
para que no surja el más mínimo fallo, por si fuera
necesario emitir un juicio y apreciar aspectos y
detalles de estas artes y de estas obras.
A quienes la naturaleza les ha
concedido suficiente ingenio, agudeza, memoria para
alcanzar profundos conocimientos de geometría,
astrología, música y otras ciencias, sobrepasan las
funciones de los arquitectos y terminan
convirtiéndose en matemáticos. da la impresión que
Pitio se equivocó, pues no se dio cuenta de que cada
una dc las ciencias artísticas se compone de dos
partes: una «parte práctica» y una «parte
especulativa». La primera es propia de quienes se
han adiestrado en una ciencia particular; la otra es
común a todos los hombres sabios, pues se trata del
raciocinio, como sucede con los médicos y los
músicos; ambos conocen las pulsaciones de las venas
en relación a la ligereza rítmica de los pies, pero
si fuera necesario sanar una herida o bien curar a
un enfermo, esto no será competencia del músico,
sino que será algo específico y propio del médico;
de igual modo, si hablarnos de un instrumento
musical, será el músico y no el médico el que lo
someta a las leyes del ritmo y de la cadencia
musical, con el fin de que el oído perciba el placer
sonoro de sus canciones o cánticos. De igual manera,
se dan aspectos interdisciplinarios entre los
astrólogos y los músicos, sobre la afinidad de los
astros y de las sinfonías. Por ello, les resulta
sencillo discutir respecto a estas ciencias, dado
que están pertrechados con los numerosos dardos de
sus conocimientos. Realmente son personas escasas,
individuos contados, como Aristarco de Samos,
Filolao y Arquitas de Tarento, Apolonio de Perga,
Eratóstenes de Cirene, Arquímedes y Escopinas de
Siracusa, quienes nos legaron muchos instrumentos
orgánicos, gnomónicos, descubiertos y explicados de
acuerdo con las matemáticas y las leyes de la
naturaleza.
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