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en la conducción de aguas: en las
acometidas, en los rodeos y en las aguas a nivel se
originan bolsas naturales de aire de muy diversa
índole con la impulsión de las aguas a lo alto;
nadie será capaz de solucionar estos obstáculos si
no conoce los principios de la naturaleza, a partir
de la filosofía. Quien llegue a leer las normas
pertinentes que redactaron Ctesibio, Arquímedes y
otros autores, no podrá comprender tales normas si
no ha sido instruido por los filósofos sobre este
tema. También debe conocer la Música, con el fin de
que se familiarice con la ciencia matemática de los
sonidos y, en consecuencia, sea capaz de tensar
correctamente las ballestas, catapultas y máquinas
de guerra. Así es, en las vigas transversales están
situados los agujeros o aberturas de los semitonos,
a derecha e izquierda, y a través de ellos se tensan
las cuerdas de nervios, retorciéndolas con rodillos
y pasadores; estas cuerdas no dejan de tensarse
hasta que emitan un sonido limpio y afinado al oído
del artesano. Al introducir en los brazos de la
máquina estas cuerdas —que los van tensando— cuando
alcanzan su tensión adecuada, deben golpearse con
igual fuerza y a la vez y, si no se consigue la
misma tirantez, resultará imposible disparar
correctamente los dardos o las armas arrojadizas.
Igual sucede con los «vasos» de bronce ‘ que se
colocan en los teatros, en unas estancias debajo de
las gradas, con una matemática distribución —en
griego, eche ja—.
Se van componiendo diferentes
sonidos para producir acordes musicales en el
hemiciclo; los vasos están separados, por grupos, en
una cuarta, una quinta y una octava doble con el fin
de que la voz de los actores, cuando entra en
contacto con los vasos de bronce bien colocados, se
intensifica potenciándose y llegue a los oídos de
los espectadores de una manera clara y dulce. Sin
tener presente las normas de la Música, nadie podrá
fabricar máquinas hidráulicas, que son similares a
estos instrumentos. Es preciso también que tenga
conocimientos de la medicina, debido a los diversos
climas —en griego, climata— tanto de la atmósfera
como de las localidades o zonas concretas, ya que
pueden ser saludables o nocivas precisamente por la
calidad de sus aguas. Sin tener en cuenta estos
aspectos, no es posible construir una vivienda
saludable. El arquitecto ha de tener un conocimiento
suficientemente completo de las leyes, para levantar
paredes exteriores que separan unos edificios de
otros, en lo referente a las goteras y a las cloacas
o desagües; como también debe conocer la legislación
necesaria para situar la
iluminación.
Igualmente,
conviene que el arquitecto conozca a fondo las
conducciones de agua y elementos similares, con
objeto de tomar sus precauciones antes de levantar
un
edificio y no dejar en manos de los propietarios
los problemas que puedan surgir una vez realizadas
las obras; también para que prudentemente pueda
protegerse, amparado por las leyes, ante el
arrendador y ante el inquilino; efectivamente, si el
contrato ha sido redactado correctamente, resultará
que ambos quedarán protegidos ante posibles fraudes,
sin ninguna clase de engaño. A partir de la
Astrología el arquitecto conoce los puntos
cardinales: oriente, occidente, mediodía y
septentrión; y también la estructura del cielo, de
los equinoccios, de los solsticios y de los
movimientos orbitales de los astros. Si se ignora la
Astrología, es absolutamente imposible que conozca
la disposición y estructura de los relojes. En
conclusión, la ciencia de la arquitectura es tan
compleja, tan esmerada, e incluye tan numerosos y
diferenciados conocimientos que, en mi opinión, los
arquitectos no pueden ejercerla legítimamente a no
ser que desde la infancia, avanzando progresiva y
gradualmente en las ciencias citadas y alimentados
por el conocimiento nutritivo de todas las artes,
lleguen a alcanzar el supremo templo de la
arquitectura.
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