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El
zigurat fue la principal
forma de la arquitectura religiosa asiria. El uso de
ladrillos vidriados polícromos fue muy común en esta etapa
mesopotámica. Con el paso del tiempo se convirtieron en la
típica decoración
arquitectónica neobabilónica, ya que las
fachadas de los edificios se recubrieron con cerámica
vidriada. El árbol de la vida y los grifos (animales
mitológicos con cabeza de águila y cuerpo de león), que
aparecen en los sellos cilíndricos y en las pinturas murales
de los palacios, pueden proceder del arte hurrita de Mitanni,
al norte de
Mesopotamia. A diferencia de las antiguas, las
decoraciones vegetales se volvieron estilizadas y
artificiosas. Las imágenes simbólicas sustituyeron
frecuentemente a las representaciones de los dioses.
Tukulti-Ninurta I, rey entre los años 1244 a.C. y 1207 a.C.,
encargó gran parte de las obras artísticas y arquitectónicas
que se realizaron en Assur, donde también construyó su
propio palacio-ciudad, Kar Tukulti-Ninurta. En el arte de
ambos asentamientos se acentúa la diferencia entre los
dioses y los seres humanos. El friso narrativo, derivado de
las escenas de estelas y sellos, será el elemento artístico
más importante del arte asirio. El arte asirio genuino va a
desplegarse en el periodo neoasirio o periodo asirio tardío
(1000-612 a.C.), en la época de los grandes constructores.
El primero de los últimos reyes asirios importantes fue
Assurnasirpal II, que reinó del 883 al 859 a.C., y convirtió
la ciudad de Nimrud (antigua Calach de la Biblia) en capital
militar. Dentro de los muros de Nimrud, que abarcaba un área
cercana a las 360 hectáreas, se alzaban la ciudadela y las
principales construcciones reales, como el palacio real del
noroeste, decorado con esculturas en relieve. Sargón II, que
reinó entre el 722 y el 705 a.C., llevó las riendas del
imperio desde una ciudad de nueva planta, Dur Sharrukin
(actual Jursabad), que abarcaba 2,6 km2 y estaba rodeada por
una muralla con siete puertas, tres de ellas decoradas con
relieves y ladrillos vidriados. En el interior de dicho
recinto se encontraba el palacio de Sargón, que contaba con
más de 200 habitaciones y patios, un gran templo,
residencias y templos de menor categoría. A su muerte sólo
se había terminado parte del complejo arquitectónico. Su
hijo y sucesor, Senaquerib, que reinó entre los años 705 y
681 a.C., trasladó la capital a Nínive, donde construyó su
propio palacio al que denominó 'palacio sin rival', también
conocido como el palacio del suroeste. Assurbanipal, que
reinó del 669 al 627 a.C., construyó al norte de Nínive otro
palacio.
Los asirios adornaron sus palacios con
magníficos relieves escultóricos. El alabastro verdadero,
una piedra blanda que abundaba en la parte más alta del río Tigris, se podía tallar más fácilmente que las piedras duras
utilizadas por los sumerios y los acadios. Para impresionar
a los visitantes y realzar su poder ante los ojos de sus
súbditos expusieron en letra cuneiforme, talladas en bandas
horizontales por toda la superficie de los muros del palacio,
crónicas que relataban su superioridad en las cacerías y en
los campos de batalla. Además, el visitante que se acercara
a las puertas de Nimrud o Jursabad, debía hacer frente a
unas enormes esculturas, guardianes antropomórficos, leones,
esfinges aladas con cabeza humana o toros con cinco patas
para ofrecer un punto de vista frontal y otro lateral. A
veces estos seres mitológicos se representaban
iconográficamente en la figura de Gilgamesh y su cachorro de
león o como oferentes que llevan animales al sacrificio. Una
de las mejores muestras es el retrato idealizado de Sargón
II en Jursabad, con un íbice entre sus manos (Museo del
Louvre, c. 710 a.C.). Sin embargo, el tema principal de
estos relieves de alabastro es puramente profano: el rey
cazando leones y otros animales, el triunfo de los asirios
sobre el enemigo o el rey deleitándose en su jardín.
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