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La cabeza cortada del rey Elam, que
cuelga de un árbol próximo, recuerda discretamente el poder
asirio. Los escultores realizaron excelentes escenas de caza.
Las fieras se representaban con más esmero que los seres
imaginarios antropomórficos. El león y la leona moribundos,
detalles de una escena de caza del palacio de Assurbanipal
en Nínive (c. 668 a.C., Museo Británico), se consideran los
más hermosos estudios de animales del mundo antiguo. Otros
relieves de este edificio presentan escenas militares:
batallas, asedio y asalto a
ciudades, vida cotidiana en los
campamentos del ejército, captura de prisioneros o el trato
violento que se daba a los rebeldes. Los relieves
arquitectónicos de los palacios de Nimrud, Jursabad y Nínive
son importantes no sólo porque representan el punto
culminante del arte mesopotámico, sino porque son valiosos
documentos históricos. Aunque las ciudades, vistas marinas y
paisajes no se representaron con el realismo y la
perspectiva del arte occidental posterior, las
construcciones fortificadas, los
barcos, carros, trampas,
sistemas de caza, armas, libaciones rituales y el vestuario
se describen con tal nitidez que el observador actual puede
hacerse una idea bastante exacta de su apariencia. Los
diferentes pueblos que habitaban
Mesopotamia, Siria y
Palestina en el primer milenio a.C. están pormenorizados con
gran realismo y pueden identificarse por su vestimenta,
rasgos faciales y peinados. Entre los relieves de Nimrud del
siglo IX a.C. y los de Nínive del siglo VII se observan
diferencias estilísticas.
En las escenas más antiguas los
ejércitos se representan con pocos soldados, sin tomar en
consideración el tamaño diferente que existe entre los seres
humanos y los
edificios. Las figuras se disponen en franjas
superpuestas para sugerir profundidad. En las escenas de Nínive, las figuras talladas en bajorrelieve llenan todo el
espacio pictórico, y no sólo hay un mayor estudio de los
detalles, sino que a veces las figuras sobresalen, dando al
espectador la impresión de que los personajes y los animales
ocupan un
espacio tridimensional. El arte de la glíptica o
de los entalladores de sellos del último periodo asirio es
una combinación de realismo y mitología. En las escenas
naturalistas incluso aparecen símbolos de los dioses. En
esta etapa se hicieron en Nimrud y en Jursabad fabulosas
esculturas de marfil. En Nimrud se han encontrado miles de
estas figurillas elefantinas, que manifiestan una gran
variedad de estilos. Muchas, como los frisos de las leonas,
quedaron abandonadas en los pozos del palacio del noroeste
cuando la ciudad fue saqueada hacia el 612 a.C. Entre las
piezas de Nimrud destacan un par de frisos que representan a
leonas atacando un etíope (Museo de Irak y Museo Británico).
Están realizadas en marfil, miden aproximadamente 10 cm de
alto y presentan incrustaciones de lapislázuli y cornalina
roja para darles brillo. Estas delicadas esculturas, que
guardan un cierto parecido con los objetos sirio-fenicios
encontrados en Arslan Tash, en la parte más alta del
Éufrates, y en Samaria, capital del reino israelita,
pudieron realizarse fuera de Asiria.
Arquitectura del imperio asirio (1100 - 612 a.c)
Varios monarcas asirios embellecieron sus ciudades con obras
grandiosas y el arte conoció entonces un esplendor
extraordinario. Y como la arquitectura imperó sobre todas
las demás disciplinas artísticas, se logró una gran unidad
de armonía de los conjuntos, un verdadero estilo. Los
macizos y rectilíneos palacios almenados en que alternaban
con grandioso efecto las masas cubicas de las elevadas
torres y de las chatas salas y habitaciones distribuidas en
torno de patios rectangulares, eran como una expresión
plática de la potencia y la estabilidad del imperio: sus
murallas sus defendidas
puertas, la sobriedad de sus líneas
les daban más el aspecto de fortalezas que de residencias
del ocio y el placer.
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