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En estas obras se produce la fusión entre
el
estilo barroco español y lo indígena. La arquitectura para Pedro
Henríquez Ureña es muy importante porque en las artes es donde
se puede observar el nacionalismo y la peculiaridad autóctona.
Ureña en su ensayo dice que los americanos tienen una serie de
rasgos originales que los diferencia del mundo, y esto se puede
observar hasta en
la arquitectura "…nuestros pueblos saben,
tanto como los Estados Unidos, crear en pocos días colmenas
formidables, tipos nuevos de ciudad que difieren radicalmente
del europeo, y hasta acometer, como Río de Janeiro, hazañas no
previstas por las urbes norteamericanas". El Barroco no surge
conjuntamente con el siglo XVIII, sino que tiene una serie de
precedentes en el último cuarto del siglo anterior, los cuales
no podríamos encuadrar ni dentro del
Renacimiento ni el Barroco. Il Gesù (1568-1584).
Aquí tenemos Il Gesù, casa matriz de la Compañía de Jesús,
fundada por San Ignacio de Loyola, una de las ordenes surgidas
con la Contrarreforma. Esta iglesia es iniciada en 1568 y
consagrada en 1584. Fue financiada por Alejandro Farnesio,
sobrino de Paulo III, siendo encargada al mejor arquitecto
italiano a la muerte de
Miguel Ángel, Vignola. Éste era el
arquitecto preferido del papa y arquitecto de cámara de los
Farnesio. Al margen de la arquitectura era también tratadista,
publicando en 1562 los Cinco libros de Arquitectura. Hasta 1568
era bastante frecuente el modelo de planta centralizada,
habiendo realizado Vignola varias obras según éste, pero en esta
obra es impuesta la planta longitudinal, al considerarse la
planta centralizada como susceptible de paganismo. Así se vuelve
a las plantas longitudinales al ser consideradas como
tradicionales. Por otra parte, existe el precedente de San
Andrés de Mantua, de Alberti, como un modelo claramente
tipificado y que es impuesto a Vignola. Con esta planta se
buscaba una gran capacidad y reflejar la forma de la cruz,
permitiendo también la celebración de varias misas simultaneas
en las capillas. Por otra parte, con esta planta se buscaba
reflejar una clara tradición cristiana.
En la fachada podemos ver algunas de las características más
destacadas del Barroco. Esta no fue realizada por Vignola, que
fue apartado de las obras en 1573, que fueron continuadas por
Giacomo della Porta, discípulo de Miguel Ángel, el cual rediseña
la fachada. Esta era en un principio más horizontal y oblonga,
con las pilastras más destacadas y realzada la nave central. La
fachada realizada es más vertical, con menos resalte de las
pilastras y menos destacada la nave central. Ambas fachadas eran
de dos pisos, coordinados mediante el uso de aletones. Los
aletones son un elemento de enmascaramiento, utilizado para
articular el piso inferior con otro superior de menor anchura,
ocultando los machones que llevan el empuje de las nuevas
fachadas. La fachada se articula mediante pilastras y el ritmo
exterior reproduce el ritmo interior, reflejando la distribución
de las naves. La parte central se encuentra destacada mediante
el uso de medias columnas y un doble frontón doble, en el que un
frontón curvo engloba a otro recto (los frontones englobados
serán característicos del Barroco posterior), marcando el eje
axial. Existe un cierto dinamismo en la fachada, pero esta sigue
siendo bastante plana, únicamente con un ligero movimiento en el
frontón y el ritmo generado a través de las pilastras. La
fachada se encuentra decorada con dos escudos marcando el eje
axial, y dos estatuas flanqueando el acceso principal. Esta obra
será el prototipo usado durante el primer tercio del siglo XVII,
en el uso de las pilastras y nichos. El interior del Gesù fue
decorado a partir de 1670 en clave barroca, desvirtuando la
concepción original.
El espacio interior se
encuentra vinculado al de San Andrés de Mantua. [Arq.Barroca
Española] [Arq.
Barroca francesa] [Arq.
Barroca italiana] |