Arquitectura funcionalista


   


Diversos “leits motiv” ornamentales inspirados en los elementos más frágiles y deletéreos existentes en la Naturaleza, y utilizados como motivos preferentemente ondulantes; se expresaron como si el trazo sinuoso de un único e imaginario lápiz se deslizara por todas las formas existentes y todos los materiales posibles, “redibujando” todo con una sensualidad desprovista de materia.

O también mediante geometrizaciones abstractas de poco relieve y ejercicios morfológicos reemplazantes de los elementos de Arquitectura clásicos; que -con el propósito de evidenciar la relatividad soportante de aquéllos- con su nueva plástica, lograron desbaratar casi toda la lectura “tectónica” precedente. Ingresaron a esta experiencia los “materiales nuevos” con gran soltura expresiva, rechazados antes por innobles: acero, vidrio, esmaltes y hormigón. Y se revisó también el pasado como etapa cultural, que comenzaba a agobiar con una peligrosa homogeneidad normativa los preceptos morfológicos de las “bellas artes”, vigentes tanto en los países europeos como en los “europeizados”.

Buscándose también, desde entonces tradiciones y raíces estéticas en lo regional y local -como entre franceses y belgas-; propiciando el surgimiento de escuelas de pensamiento y acción de carácter “nacional” en las artes -como entre los escoceses-, enfrentadas a los historicismos académicos dominantes. No generó este movimiento una revolución cultural ni fue duradero en tiempo. No tuvo el peso transformador que instalara una estética definitiva para la sociedad industrial naciente; pero logró imponer desde la acción y prédica refrescantes de sus producciones, la caducidad del “orden” visual y morfológico del arte académico.

En cuanto a la Arquitectura, se expresó preferentemente en lo decorativo, pero asociado con los nuevos materiales descriptos, aceptando sus leyes tectónicas y operando ornamentalmente sobre éstos y con éstos; abriendo así un surco fértil para la simiente del funcionalismo. Muy sintéticamente diré que estos cambios fueron operados con énfasis en los campos de las nóveles artes gráficas, las artesanías decorativas y textiles, mueblería, joyería, y Arquitectura; incluso la música y la literatura. Sus productos se los puede identificar por escuelas regionales y según los gestos formales que desarrollaron: Modernismo entre los catalanes; Arts and Crafts en Escocia; Secesionismo vienés; Jugendstil alemán; Art Nouveau entre franceses y belgas; Liberty en Italia.

Y también la Escuela de Chicago en América del Norte. Es de destacar que se verifica aquí fuertemente el gusto y la personalidad de los creativos, ya que al tratarse de un arte sin cánones preestablecidos y órdenes fijos como en la Academia, éste se prestó a variaciones y experimentaciones de firma autoral, con la consiguiente promoción de los mejores.

En relación con la Escuela de Chicago, su más preclaro realizador, el Arquitecto Louis Henri Sullivan, preludiando el espíritu racionalista que naciente, decía: “… mi propósito constante ha sido, primero, aislar el arte arquitectónico como una actividad social específica y luego mostrarte cuán inextrincablemente está ligado en su estado real, con las necesidades, los pensamientos, las aspiraciones del pueblo y que no puede tener una existencia real sin ellos… Que, a fin de ser para nosotros un verdadero arte de expresión, debe ser inspirado por el impulso democrático, debe hallar su vigoroso origen en las necesidades prácticas, directas, y utilitarias; y debe valerse de todos los recursos modernos.” Todas estas escuelas o tendencias tuvieron presencia en nuestro medio, de la mano del inmigrantado, favorecido por la nueva sociedad de emprendedores industriales demandantes de una estética moderna, y la avalancha de artesanos que recaló en nuestros puertos sobre el inicio del siglo; como también por una suerte de “mecenazgo” que se dio en las distintas colectividades entre comitentes y artistas del mismo origen, como fue el caso del notable diseñador Virgilio Colombo.

Esto último también se verificaba entre determinados Arquitectos de renombre, argentinos o argentinizados y su adopción por exclusivos grupos de poder vernáculos, desde mediados del siglo XIX (como fueron los casos de los notables Arquitectos: Senillosa, Pueyrredón, Buschiazzo, Tamburini, Bunge y Bustillo) y durante el auge del modernismo como lo fueron Julián García y Alejandro Virasoro, brillantes exponentes de esta corriente. De todas las tendencias que indicamos, en la Arquitectura local tuvo fuerte predominio -no por ello excluyente de las demás escuelas- las que trabajaron la estética de lo geométrico sobre las de trazo ondulante. Así es como el Modernismo y el Liberty tuvieron amplio predominio entre nuestros Arquitectos.

La producción de obras de estética modernista en nuestro medio fue inmensa, contabilizando las viviendas de renta o “departamentos”, las de la clase media o “petits hotel”, que comenzaron a proliferar alrededor de los años 20, junto a las renovadas fachadas con que siguieron levantándose, respetando las trazas de antaño, las ya vistas “casas chorizo”. Ejemplos relevantes de esta vanguardia modernista en Buenos Aires son: La casa de renta en Rivadavia 3222 91, el “petit hotel” y comercio de E. Ríos 1079 92, el edificio de renta y comercio de Corrientes 2558 91 y el edificio de renta en Hipólito Yrigoyen 3447 92; creaciones del Arq. Virgilio Colombo. La Galería Güemes 91 y la Confitería Del Molino 91, ambas del Arq. Francisco Gianotti.

La casa de renta de Callao y Sta. Fe 92 y el legendario Pasaje Barolo 92 al final de la Av. de Mayo -mellizo del palacio Salvo de Montevideo-, creaciones del Arq. Mario Palanti. La Cervecería Munich -actual Museo de Telecomunicaciones- 92 en la Costanera Sur, del Arq. Andrés Kalnay. El bloque de oficinas y comercio “La Equitativa del Plata” 92 en Diagonal Norte y Florida, los departamentos de la Avenida Santa 2982, y la Casa del Teatro 92, del Arq. Alejandro Virasoro. Un ejemplo relevante del momento es el espléndido Club Español de la Ciudad de Buenos Aires. Y en la ciudad santafesina de Rosario podemos admirar el edificio de oficinas conocido como “Palacio Minetti” 93, de los Arqs. Durand, Schvartz y Gerbino. Muy brevemente también, demasiado quizás -y me disculpo por no apartarme del objetivo central- hago notar que en la anterior descripción eludí a la pintura.

Independientemente de esta última corriente protorracionalista, es imprescindible puntualizar que, fueron los artistas plásticos la avanzada casi invariable de los grandes cambios estéticos y de procedimientos expresivos, siempre. Mediante la puesta en práctica de ideas no oficializadas en su época, generando respuestas nuevas, sensibles a las transformaciones y aconteceres del momento cultural; con en el andar del tiempo, estas teorías engendradas en la plástica, serán incorporadas por las sociedades produciendo nuevos paradigmas culturales. El antecedente más remoto de estas vanguardias pictóricas, influyentes sobre lo que será la nueva ideología arquitectónica, se encuentra fincado a mediados del siglo XIX. Se da entre prácticantes de diferentes corrientes experienciales como el “Impresionismo” y su búsqueda de la composición del color por las leyes de la óptica, incorporando la luz natural; de pincelada rápida, y sugerente de lo efímero en las imágenes capturadas en la tela.

El “Simbolismo” y su interpretación subjetiva del color. El “Expresionismo” y la traducción del subconsciente plasmando emociones fuertes y angustiosas. Rápidamente aquí observemos que no aplicamos conceptos como los vistos en la plástica 100 INTRODUCCIÓN A LA ARQUITECTURA CONTEMPORÁNEA Café de l’Aubette, Estrasburgo, 1926; Teatro Ópera, Buenos Aires: ornamentación que incorpora lo tecnológico (cine y calefacción) en oposición a una espacialidad que “disimula” lo tecnológico (columnas de hierro fundido). INTRODUCCIÓN A LA ARQUITECTURA CONTEMPORÁNEA 101 académica, sino calificativos psicológicos por una parte, y con pretensiones de captura del tiempo y el espacio, en términos de procedimientos asociados a técnicas de expresión. Esto último será un acicate para las nuevas percepciones de lo arquitectónico: lo temporal y lo circulatorio, lo perceptivo y espacial. Abordemos ahora el período que nos ocupa: los primeros 50 años del siglo XX. Gracias a Ana María Gruñón por colaborarnos este artículo para ser publicado en ARQHYS.com.


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