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El clima del desierto, donde
surgió la religión musulmana, hace necesaria la
protección del sol, del viento y de la arena, de
modo que los primeros modelos consistían en un
simple recinto rectangular porticado con un patio en
su centro. La parte fundamental de la mezquita la
constituye la quibla, que es el muro del perímetro
orientado hacia La Meca, donde deben dirigir la
oración los fieles. En el centro de la quibla se
sitúa el mihrab, un nicho u hornacina que sirve para
distinguir el muro de la quibla. En ocasiones
también se disponía, a la derecha del mihrab, un
mimbar o púlpito desde el que el imán (o cualquier
otro tipo de jefe religioso o político) organiza la
oración y arenga a los participantes. Los elementos
estructurales fueron diferentes a lo largo de la
historia, pero siempre con el predominio de la
utilización del arco como elemento sustentante. Las
cubiertas, sin embargo, pueden ser planas, de madera
a dos aguas, bóvedas o cúpulas. Una característica
común es la ausencia de vanos en los muros
perimetrales, lo que consolida el espacio de la
mezquita como un
espacio interior,
indicado para el rezo, cuya única luz procede del
patio o de alguna abertura en la cubierta que
produce una débil incursión de luz cenital.
El conjunto de la mezquita se
completa con una torre llamada alminar o minarete,
desde la que se llama cinco veces diarias a la
oración de los fieles. El modelo general subsiste
hoy día, aunque tan sólo se puede considerar como
tipología a efectos de uso, puesto que numerosas
iglesias cristianas (como la de
Santa Sofía en Constantinopla o Estambul)
han pasado a ser mezquitas sin demasiadas
transformaciones. La fe islámica prohibe las
representaciones de personas y animales. Para
sustituirlas, la arquitectura islámica ha generado a
lo largo de su historia una decoración
característica, empleando profusamente motivos
vegetales (arabescos), geométricos y la propia
caligrafía árabe. Los materiales que se han
utilizado para decorar los paramentos han sido
variados: azulejos, cerámicas, mosaicos, madera
tallada, marquetería, mármoles, piedras areniscas,
estucos o mármoles con incrustaciones de gemas.
Véase Arte y arquitectura islámicas.
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