|
Ante el aumento del número de creyentes surge
el cementerio público, generalmente situado en una de las vías
de acceso a la ciudad. La denominación de catacumba, fue
aplicada al de San Sebastián de Roma, por estar situado en una
depresión del terreno. El cementerio está regido por los fosores,
a veces paganos para garantizar la inmunidad, y en ellos se
entierran los cristianos asociados en los collegia salutaria.
Ante la imposibilidad de extenderse en superficie se amplían en
profundidad, y por la prohibición de sacar restos de ellos se
continúan utilizando después de la Paz de la Iglesia, pues los
cristianos deseaban enterrarse junto a los mártires y confesores
de la fe.
El cementerio o catacumba se organiza con estrechas galerías (ambulacrum),
en cuyas paredes están los loculos rectangulares para los
cadáveres, que a veces se cobijan bajo arco semicircular (arcosolium).
Al exterior, se disponen las cella memoriae, a modo de templete
o pequeña construcción, indicativas de un resto de importancia.
Son característicos los cementerios romanos de San Calixto, San
Sebastián y el Maius, y en Espafia, el de Tarragona, con algunas
criptas. Después de la Paz de la Iglesia es la basílica la
construcción más característica en todo el mundo cristiano. Es
verosímil su origen en un modelo evolucionado de casa patricia,
a la que se añade en la cabecera una disposición que recuerda,
construcciones funerarias. La basílica consta de tres partes,
pública, semipública y la reservada a los presbíteros. La parte
pública se desarrolla en torno a un patio (atrio) que tiene una
fuente en el centro, a la que se accede por un vestíbulo y da
paso al cuerpo de la iglesia por una nave transversal que se
llama narthex. El cuerpo de la basílica, orientada al este,
suele ser de tres naves, separadas por columnas y arcos
generalmente, con coro para el clero menor en la nave central, y
ambones o púlpitos a los lados para dirigir los cánticos y rezos.
El septum separa esta parte semipública del presbiterio, a veces
con nave transversal o de crucero intermedia. El presbiterio se
separa por la pérgola, fila de columnas con cortinajes, y tiene
en el centro el ara o altar, cobijado por templete o ciborium, y
al fondo un poyo o asiento corrido (solea) con cátedra en el
centro. Bajo el altar se sitúa la confessio, donde está la
sepultura o lugar que ha determinado la construcción de la
basílica, visible mediante una ventanita (fenestrella
confessionis) y que ha de dar lugar a la cripta. Son
características las romanas de Santa Sabina, San Lorenzo y San
Clemente, como las dedicadas a San Apolinar en Rávena. Junto a
la basílica se dispone el baptisterio, generalmente de planta
octogonal, como, el de San Juan de Letrán, en Roma. En el
paleocristiano oriental se acusa la marcada preferencia por
grandes construcciones de planta centralizada, en cruz. |