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En la península Ibérica, sin
embargo, el reino visigodo se desmoronó un siglo
antes, y fue invadido por el islam, quedando tan
sólo unos pequeños reinos cristianos al norte. La
arquitectura carolingia, como corresponde a este
espíritu
‘renacentista’,
siguió muchos de los modelos tardorromanos, bien en
las iglesias que siguen modelos basilicales
paleocristianos, como Saint Denis o Fulda (siglo
VIII), bien en el propio palacio de Carlomagno en
Aquisgrán, cuya Capilla Palatina (consagrada el año
805) recuerda a la basílica del Santo Sepulcro de
Jerusalén. Por otra parte, aparecen ya una serie de
variedades ligadas a las tradiciones locales que
predicen la evolución hacia el pleno románico, como
los muros o las torres de Céntula (790-799) o del
proyecto de San Gall (c. 820), hallado en un antiguo
pergamino. La arquitectura visigoda, en contraste
con la situación occidental de la península Ibérica,
recibió una gran influencia bizantina, marcada por
el apoyo político que el Imperio oriental concedió
al reino hispánico. Las dos características más
originales son el empleo de bóvedas pétreas y arcos
de herradura, estos últimos heredados posteriormente
por la arquitectura califal cordobesa. Entre las
pocas iglesias conservadas destacan por su
originalidad espacial San Pedro de la Nave (680-711)
y San Juan de Baños (661) que, a pesar de su
antigüedad, anticipan gran parte de
la arquitectura
de siglos posteriores.
La arquitectura asturiana
(o ramirense, en honor del rey Ramiro I) se
desarrolló en un pequeño reino cristiano al norte de
la península Ibérica, en la actual España, uno de
los escasos focos de resistencia contra la invasión
musulmana. Sus espacios cubiertos por bóvedas y
articulados mediante arcos fajones, producen una
original sensación de verticalidad. Éstos y otros
elementos, como los contrafuertes exteriores y los
arcos peraltados, la convierten en precursora de la
arquitectura románica del resto de Europa. Entre los
edificios más destacados se encuentran el salón del
reino del palacio del Naranco (842-850), más tarde
consagrado como Santa María del Naranco, y la
iglesia de San Miguel de Lillo (842-850), también
junto a la ciudad de Oviedo. Otra de las
arquitecturas peculiares que se desarrolló durante
este periodo en España es la arquitectura mozárabe.
Los pueblos mozárabes estaban integrados por fieles
cristianos que permanecieron en territorio musulmán.
Su arquitectura, por tanto, recoge elementos de la
arquitectura cristiana (visigoda y también europea)
y de la arquitectura islámica (especialmente de la
cordobesa); un ejemplo asombroso de esta confluencia
cultural es la pequeña ermita de San Baudelio de
Berlanga (siglo XI), un templo cristiano de planta
centralizada, cuya tribuna descansa sobre una
miniatura de la mezquita de Córdoba. Otro de los
ejemplos destacados es la iglesia de San Miguel de
Escalada (consagrada en 913), cristiana en su
articulación espacial e islámica en sus elementos
estilísticos. Véase Arte y arquitectura
prerrománicas; Arte y arquitectura hispanomusulmanas. |