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Predominio de las
líneas italianas demuestra ya el estilo plateresco purista,
llamado así por su menor cantidad de adorno. A lo largo del
siglo se nota también una renuncia a la excesiva decoración, tan
del gusto tradicional, a la vez que se da mayor importancia a
una pureza decorativa de línea clásica italiana. Son ejemplos de
ella la hermosa catedral de Jaén, numerosas casas nobles, como el palacio de Mancera en Ubeda y la Puerta Nueva de Bisagra
en Toledo y, en Granada, el palacio de la Cancillería, hoy
Ayuntamiento, obra de Martín Díaz y Alonso Hernández. Todas
estas obras representan el estilo predominante desde entonces.
En Andalucía es notable el palacio de Carlos V, en Granada, obra
sin acabar de Pedro Machuca, de estilo italiano sin entronque
con los españoles. En el último tercio del siglo XVI, ya durante
el reinado de Felipe II, la influencia italiana triunfó
completamente sobre la exuberante decoración plateresca,
buscando compensacion a la desnudez ornamental en la masa y
grandiosidad de la obra. El nuevo estilo quedó consagrado con la
construcción del monasterio de El Escorial, por muchos años
residencia preferida del monarca. Su construcción fue ordenada
por Felipe II en conmemoración de su victoria sobre los
franceses en la batalla de San Quintín (1557) y fue iniciado por
el famoso arquitecto Juan Bautista de Toledo. A la muerte de
éste fue continuado por Juan de Herrera y es uno de los
monumentos más célebres de la arquitectura española. El
estilo herreriano caracterizado, más que ningún otro, por
sus líneas definidas y sin adorno, pero de grandiosidad
monumental alcanzó bastante difusión en España, con obras como
la catedral de Valladolid, nunca acabada, la Lonja de Sevilla
y el convento de Santa Teresa en Avila, entre otras obras, Ilegando incluso a América con las catedrales de México y Puebla.
Sin embargo esta influencia del estilo herreriano, debida. en
gran parte a la preferencia mostrada por Felipe II nunca fue
verdaderamente popular en España, apelativo que sólo se puede
aplicar con toda justicia al
barroco. |