|
Esta arquitectura, por otra parte, ha de
responder al espíritu de grandiosidad, orden y permanencia que
rige la gobernación política. Foto:
Anfiteatro Flávio o Coliseum Romano,
año72 a.c. La arquitectura de la antigua Roma y su imperio que
en su periodo de máximo apogeo se extendió desde las islas
Británicas hasta el mar Caspio.
El arte romano más primitivo
comenzó con el derrocamiento de los reyes etruscos y el
establecimiento de la república el año 509 a.C. Se considera que
el final del arte romano, y por consiguiente el inicio del arte
medieval, llegó con la conversión del emperador Constantino al
cristianismo y con el traslado de la capital del imperio desde
Roma a Constantinopla en el año 330. Sin embargo, el estilo
romano e incluso sus temáticas romanas paganas continuaron
representándose durante siglos, a menudo bajo la impronta
cristiana. El arte romano se divide tradicionalmente en dos
periodos: el arte de la Roma republicana y el de la Roma
imperial (desde el año 27 a.C. en adelante), con subdivisiones
correspondientes a los emperadores más importantes o a las
diferentes dinastías. En la época de la república, el término
romano se aplica prácticamente al arte realizado en la ciudad de
Roma, que conserva la huella de su pasado etrusco. Poco a poco,
el arte se liberó de su herencia etrusca, gracias a la expansión
a través de Italia y el Mediterráneo y a medida que los romanos
asimilaron otras culturas como
la griega.
Durante los dos
últimos siglos antes del nacimiento de Cristo surgió una manera
típicamente romana de construir edificios, realizar esculturas y
pintar. Sin embargo, debido a la extraordinaria extensión
geográfica del Imperio romano y a sus diversos pobladores, el
arte y la arquitectura romanas fueron siempre eclécticas y se
caracterizaron por emplear distintos estilos atribuibles a los
gustos regionales y a las preferencias de sus mecenas. El arte
romano no es sólo el arte de los emperadores, senadores y
patricios, sino también el de todos los habitantes del vasto
imperio romano, incluyendo a la clase media de los hombres de
negocios, los libertos o plebeyos, esclavos y legionarios de
Italia y sus provincias. Curiosamente, a pesar de que subsisten
una gran cantidad de ejemplos escultóricos, pictóricos,
arquitectónicos y decorativos, conocemos pocos nombres de sus
artistas y arquitectos. En general los monumentos romanos se
realizaron para glorificar a sus mecenas más que para expresar
la sensibilidad artística de sus creadores.
La planificación de la ciudad romana
La típica ciudad colonial romana del periodo final de la
república y del pleno imperio tuvo una planta rectangular
similar a la de los campamentos militares romanos con dos calles
principales -el cardo (de norte a sur) y el decumano (de este a
oeste)-, una cuadrícula de pequeñas calles que dividen la ciudad
en manzanas y un perímetro amurallado con puertas de acceso. Las
ciudades anteriores a la adopción de este tipo de planificación,
como la propia Roma, conservaron el esquema laberíntico de
calles sinuosas. El punto focal era el foro, por lo general
situado en el centro de la ciudad, en la intersección del cardo
y el decumano. Este espacio abierto, rodeado de tiendas,
funcionó como el lugar de reunión de los ciudadanos romanos. Fue
además el emplazamiento de los principales edificios religiosos
y cívicos, entre ellos el senado, la oficina de registro y
la
basílica, que consistía en una gran sala cubierta, flanqueada
por naves laterales, con frecuencia de dos o más pisos.
Las
basílicas romanas albergaban las transacciones comerciales y los
procesos judiciales, pero este edificio se adaptó en tiempos
cristianos, convirtiéndose en la tipología de iglesia occidental
con un ábside y un altar al final de la nave mayor. Las primeras
basílicas se levantaron a comienzos del siglo II a.C. en el
propio foro romano, pero es en Pompeya donde se encuentran los
ejemplos de basílicas más antiguas y mejor conservadas (c. 120
a.C.). |