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El romanticismo
literario evoca el espíritu de la edad media, y al propio
tiempo que descubría el pasado medieval en las antiguas
ciudades, despertaba el interés por la arquitectura gótica,
presentándola como estilo propio en contraposición al entusiasmo
por la antigüedad grecorromana. Se
terminaron edificios medievales cuya construcción se había
interrumpido, como, por ejemplo en Alemania las catedrales de
Colonia y de Ulm. La restauración vivió un período de intensa
actividad, y se levantaron en estilo gótico no sólo iglesias,
sino también edificios civiles, entre ellos estaciones férreas.
El medievalismo de la época romántica no constituyó solo una
reacción contra las rigideses de la frialdad del arte
neoclásico. Una de las significaciones más profundas es la de la
protesta de los pueblos del Norte, en especial, Inglaterra y
Alemania, contra el dominio del arte mediterráneo.
Tanto en Inglaterra como en Alemania, el
particularismo nórdico no había crecido nunca totalmente a la
sugestión de lo meridional. En caso concreto de Inglaterra, a
pesar de los siglos de renacimiento y de la notable influencia
de la obra de Palladio, ciertas formas de
la arquitectura
gótica mantuvieron una excepcional supervivencia.
Así, por ejemplo, en pleno siglo XVIII, Horace Walpole levantaba
en estilo gótico su residencia de Strawberry Hill, a finales del
mismo siglo James Wyat construía, asimismo el gótico, el
castillo de Fronthill Abbey. Wyat se dedicó también a la
restauración de monumentos medievales, como el castillo de
Windsor. Charles Barry es, quizás, la
figura mas importante de toda la arquitectura neogótica. Con él
colaboró, en el proyecto para el palacio del Parlamento
británico de Westminter, Augustus Pugin, hijo de un decorador
francés que había proyectado los muebles góticos de Windsor.
El mencionado proyecto ganó el concurso
convocado al efecto y el palacio fue edificado, con abundancia
de recursos entre 1840 y 1850. De una gran monumentalidad, se
yergue a orillas de Támesis con una faschada de 285 metros de
longitud, tras de las cuales se elevan torres que alcanzan casi
los cien metros de altura. Inspirado
en el estilo perpendicular de la vecina capilla de Eduardo VII,
ofrece el poder plástico de su ritmo insistente y monótono,
semejante al de una columnata clásica. |