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La finalidad del arquitecto es realizar la obra de arquitectura en la cual se
concreta esa labor de creación y crítica, para producir un edificio que sea una
realidad valiosa para los hombres que deban habitarlo, una contribución positiva
al medio social en el cual se sitúa, un proceso técnico y económico correcto, y
finalmente, una expresión significativa de la capacidad creadora del espíritu
humano.
WALTER GROPIUS. El proyectista debe aprender
a ver, debe conocer el efecto de las ilusiones ópticas, la influencia sicológica
de formas, colores y texturas, los efectos del contraste, la dirección, la
tensión y el reposo, y debe aprender a captar la significación de la escala
humana. El arquitecto ha de ser un coordinador -un hombre de visión y
competencia profesional- cuya ocupación consiste en unificar los problemas
sociales, técnicos, económicos y artísticos surgidos en relación con la
edificación. La misión histórica del arquitecto ha sido siempre lograr la
completa coordinación de todos los esfuerzos por la construcción del ambiente
físico del hombre. Cierto es que la chispa creadora se origina siempre en el
individuo, pero trabajando en estrecha colaboración con otros hacia un objetivo
común, a través del estímulo y la crítica exigente de sus compañeros de equipo,
logrará alturas de realización más elevadas que viviendo en una torre de marfil.
Sincronizando todos los esfuerzos individuales, el equipo puede elevar su
trabajo integrado, a potenciales más elevados de lo que representa la mera suma
del trabajo de un número determinado de individuos. El artístico
caballero-arquitecto que producía encantadoras mansiones Tudor ha desaparecido
casi por completo. El arquitecto no debe concebir los edificios como monumentos,
sino como receptáculos para el fluir de la vida a la cual deben servir. Esta
idea contrasta con el trabajo del egocéntrico arquitecto Prima Donna, quien
impone su fantasía personal a un cliente intimidado, creando solitarios
monumentos de significación estética individual. El buen arquitecto debe servir
a la sociedad y al mismo tiempo demostrar verdaderas cualidades de conducción,
construidas sobre una auténtica convicción: conducción para guiar a su cliente,
así como al equipo de trabajo, al cual se ha confiado su labor.
Autor original: Arq. Arnaldo Ruiz, Universidad de las Américas,
2004 (Enviado por: Gabriela López Johnson
damona_lj@hotmail.com) |