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Esta actitud persistirá hasta el Romanticismo, cuando se inició la
revalorización de esta etapa medieval. El gótico abarca aproximadamente desde el
año 1150 hasta comienzos del siglo XVI, aunque la cronología varía según los
comienzos países. La diferencia exterior más apreciable entre el gótico y el
románico es que la nueva concepción tiende a sustituir los elementos nacidos por
una estructura vertical y ligera, sustentada, como apuntábamos anteriormente, en
la utilización del arco apuntado. La aparición del nuevo arte corresponde de
forma directa a una evolución en la estructura social. En la segunda mitad del
siglo XVI la sociedad feudal estaba en crisis. Al liberarse del poder feudal las
ciudades empezaron a evolucionar: los centros comerciales e industriales
desarrollaron una intensa vida municipal con el nacimiento de las corporaciones
gremiales y mercantiles, que fueron el alma de la sociedad de la época. Todos
esos cambios influyeron especialmente en el arte, que deja de ser sobre todo
monástico para convertirse también en expresión del profundo espíritu religioso
de la ciudad.
Por otra parte, las nuevas actividades económicas potencian la aparición de una
nueva clase social: la burguesía, muy vinculada al proceso artístico. Se
aprecian más las artes u las clases sociales altas protegen la realización de
obras, algunas clases sociales altas protegen la realización de obras, algunas
designadas a la Iglesia y otras para uso y disfrute personal. Además, la
poderosa clase burguesa necesitaba cubrir necesidades hasta entonces existentes
( suntamientos, lonjas, etc...), así como satisfacer el deseo de resaltar la
riqueza, haciendo ostentación de lo que se posee en vida e intentando
perpetuarlo tras la muerte. En consecuencia, es fácil comprender que la
actividad se convirtiera en el centro artístico de la nueva sociedad. Los
elementos estilísticos que definen el arte gótico se empezaron a manifestar
entre 1130 y 1150 en la arquitectura religiosa del I´Lle de France. Unidad
internacional que el románico, ya que, pese a haber adoptado características
peculiares en cada país, mantuvo siempre fidelidad a sus raíces francesas.
El
estilo gótico se desarrolla en España bajo el directo influjo de Francia; en los
primeros momentos a través de la fase cisterciense o pregótica que desde finales
del siglo XII penetra en Castilla; la llegada de los cistercienses en 1131,
llamados por Alfonso VII, y la rápida implantación de sus monasterios, influyó
en gran medida en el último románico español. Las primeras manifestaciones que
podríamos considerar góticas, en su etapa protogótica, se producen durante el
último tercio del siglo XII. Después, en la primera fase propiamente gótica, a
partir de finales del primer cuarto del siglo XIII, y en virtud de las estrechas
relaciones que hubo entre las coronas de Castilla y Francia, se consolidó el
gótico en su fase más clásica y purista unificando las diversas tendencias que
habían florecido en la etapa anterior. Las primeras obras del gótico español
derivan directamente de las catedrales de Chartres, Reims y Amiens y, como en
Francia, es el momento de la construcción de las grandes catedrales. El siglo
XIV español está marcado por las calamidades medievales (peste, guerras,
hambres, etc.) y especialmente Castilla se resiente de ello congelando su activo
plan de construcciones. (Colaborador del articulo:
Misteral.a.f, España) |