|
El representante más radical será Nicolas Poussin (1593 – 1665) quien viaja a
Roma donde conoce todas las inclinaciones del arte italiano, pero también allí
abandona los temas religiosos y se dedica al trabajo detallado de los temas
mitológicos por el contacto que tuvo con las culturas griega y romana, a través
de la biblioteca de su protector Cassiano del Pozzo. Trabaja en detalle la
composición, el color, pero sobre todo el dibujo. De igual forma, el naturalismo
tuvo en Georges La Tour y los hermanos Le Nain a unos excelentes representantes.
En Flandes sobresalió Petrus Paulus Rubens, con su gran dinamismo y exuberancia,
sus figuras femeninas robustas y sensuales, sus composiciones turbulentas y su
cálido colorido, heredado de Tiziano. La pintura holandesa, destinada a una
clientela sobre todo burguesa, se centró en géneros como el retrato, con Frans
Hals, las escenas de interior, que inmortalizó Jan Vermeer, y los paisajes, cuyo
principal maestro fue Jacob Ruysdael. Junto a estos artistas brilló la
personalidad de Rembrandt, maestro del aguafuerte y del óleo y gran retratista
de grupos. En Peter Paul Rubens lo primordial serán las obras monumentales con
expresión dramatizada. Trabajó por encargo para el rey español los cuadros
mitológicos para la Torre de la Parada cerca de Madrid. A diferencia de muchos
de sus colegas, Rubens no tuvo la oportunidad de acercarse a Italia y tampoco
podía adquirir cono- cimientos por los libros, pues sólo hablaba el holandés.
Mediante su trabajo constante se dieron sus progresos mundialmente reconocidos.
(Colaborador del articulo: Fabian fabian@arenadesarrollo.com) |