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La llegada a Roma a comienzos de siglo de Caravaggio y Annibale Carraci marcó un
giro fundamental en la historia del gusto artístico que, tras superar el
academicismo y el virtuosismo de las formas manieristas todavía muy difundidas,
inauguró una nueva relación con la realidad y la naturaleza. En este sentido,
las obras que Caravaggio realizó en Nápoles al huir de Roma se convirtieron en
savia vital para la renovación artística, mientras que en Toscana la pintura
alcanzó la dignidad y la esencia propias de un intenso patetismo atento al
realismo en expresiones y movimientos. Caravaggio desarrolla una pintura de
carácter realista y donde se utiliza asiduamente el escorzo y el claroscuro; es
decir, represento a los personajes en actitudes violentas y con una iluminación
casi teatral. Su estilo se divide en tres etapas que son:
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El Caravaggismo Claro.
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El Caravaggismo Oscuro.
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El Estilo Meriodional.
En esta misma línea, en Milán se pintaron palas de altar que poseían la eficacia
persuasiva de los lienzos de Ludovico Carraci, a la vez que la pintura genovesa
estuvo absolutamente influenciada por la estancia en la ciudad de Rubens.
Tampoco se descuidó el alcance indiscutible del teatro barroco, caracterizado
por el efectismo y lo maravilloso, ni aquel novedoso gusto por lo descriptivo y
lo minucioso hasta en los más mínimos detalles de la realidad exterior difundido
en Roma, Nápoles, Génova, Turín y Milán gracias a los artistas procedentes del
norte de Europa. .
(Colaborador del articulo: Fabian fabian@arenadesarrollo.com) |