|
El sistema de circulación incluía vías diferentes para los
vehículos y para los peatones y calles de transito y de urbanización. Las
superficies verdes suponían más de la mitad del área urbana. En ellas había
grupos poco compactos de viviendas independientes, sencillas y construidas
industrialmente con hormigón armado, que garantizaban una ventilación y una
iluminación aceptables. Esta nueva concepción de la ciudad preparo el camino a
los modernos, convirtiéndose en los principios básicos de la modernidad. No
obstante, fueron los grandiosos proyectos abstractos de LE CORBUSIER los que
dieron solidez ideológica a tales ideas y contribuyeron a que las mismas
acabaran imponiéndose. El ámbito en el que se sentaron las bases teóricas de
estos proyectos fue el cuarto CONGRÈS INTERNATIONAUX d´ARCHITECTURE MODERNE (CIAM)
de 1933 y fueron publicadas en 1943 por LE CORBUSIER y el grupo francés del CIAM.
Si la ciudad tradicional marcaba sus limites frente al campo, se basaba en la
división de trabajo de esferas de influencia pública y privada, establecía una
distinción clara entre las plazas y los parques y los edificios privados y
separaba el urbanismo de la arquitectura, la ciudad moderna se asentaba en una
urbanización unitaria, publica y con zonas verdes organizada por un poder
planificador de carácter central y estatal. Frente a la mezcla de
aprovechamientos y frente al sistema viario común a todos los medios de
transporte de la ciudad tradicional, la ciudad moderna establecía una separación
funcional y una concepción jerárquica del tráfico. El problema de la vivienda,
que consolido la crisis de la ciudad antigua, no debería quedar en manos de la
especulación privada, sino que debía resolverse con barrios masivos construidos
por el estado, cuyas viviendas estandarizadas garantizarían luz, aire y sol a
todos sus inquilinos. Este manual de instrucciones fue utilizado en las décadas
siguientes para remodelar y construir ciudades en todo el mundo. La idea de lo
nuevo atrajo sobre todo a los Estados creados después de la II Guerra Mundial.
Como sucedió en Berlín Este, se construyeron centros urbanos nuevos destinados a
la colectividad. Sobre todo en las ruinas existentes a ambos lados de la vieja
Avenida de Francfort, entre 1959 y 1965, se construyeron los primeros complejos
de viviendas socialistas. No obstante, también en Occidente se construyeron
hasta muy entrada la década de los setenta grandes urbanizaciones, no menos
discutibles, con decenas de miles de viviendas, mientras se derribaban los
viejos barrios de grandes casas de vecindad; superado el sistema, se remodelaron
los centros históricos lanzando el grito de guerra de la ciudad autorregulada y
se trazaron vías rápidas por los cascos antiguos.
Análisis tecnológico de los edificios en altura.
Además de los materiales de construcción habituales desde hacia siglos
(madera, ladrillo, piedra) que se venían utilizando en los edificios, a partir
del siglo XIX se fueron incorporando progresivamente a la arquitectura nuevos
materiales tales como el hierro, el zinc, el acero y el vidrio. Ahora bien, con
estos materiales no siempre se aplicaban de un modo visible, podía suceder que
en el interior del edificio que exteriormente parecía histórico estuviese
presente la arquitectura moderna mediante una audaz cubierta de hierro o de una
claraboya de cristal. A parte del vidrio, el hierro y el acero, lo que realmente
revolucionó la arquitectura fue una mezcla de arena, grava y cemento: el
hormigón. El hormigón hizo posible una arquitectura totalmente nueva que ha
venido configurando hasta el momento actual la imagen de nuestras ciudades tanto
en lo positivo como en lo negativo. (Fuente de la
informacion: Flavio Gorelik Zonis, Argentina ) |