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Una buena iluminación es un complemento insustituible del
funcionalismo. Todo ha sido concebido como un contenedor que encierra pequeñas
cajas contiguas intercomunicadas con los “bordes” ordenados. Nada de sorpresas,
pasiva aceptación de la oferta, confort convencional adecuado a sus
disponibilidades económicas. Pero como ya se dijo, esa convincente respuesta que
es capaz de dar el funcionalismo occidental está muy lejos de ser universal. En
una de las formas mas duras del funcionalismo, el llamado racionalismo,
cualquier esfuerzo en la casa ha sido minimizado, sea este referido a la
accesibilidad (“tener todo a mano”), se trate de la sencillez del mantenimiento
higiénico o de la preparación de la comida, todo ello unido al aumento del
confort en muebles, camas y acondicionamientos térmicos a la manera occidental.
Aceleración del envejecimiento. La vivienda
como los objetos de uso cotidiano se construían y se pensaban para permanecer un
tiempo prolongado, es decir, se aceptaba como lógico el arraigo. Si un
departamento resulta pequeño o no alcanza a cumplir con algunas exigencias de la
familia, no es nada: se busca otro. Aunque parezca extraño, las bases
ideológicas que sostienen este acelerado envejecimiento de los objetos llamado
también obsolescencia son las mismas que se usan para exaltar el diseño
competitivo y de ese modo dar la engañosa idea de la libertad. El modelo de hoy
pasará rápidamente a ser antiguo. Una libertad basada en los prejuicios o, en el
deterioro provocado en los materiales con los que fue intencionadamente
construido, tras lo cual la gente corre por necesidad o simplemente por razones
ajenas a las reales virtudes de los objetos. Esta revolución económica se
trasladó lentamente a la manera de entender el tiempo, la libertad y el uso que
la gente hace de la casa.
La arquitectura debe intentar asociar lo cualitativo a lo cuantitativo. Esta
última condición no debe excluir valores sin los cuales el hombre común queda
reducido a una soledad abrigada. O simplemente al reparo de ciertas intemperies.
No podemos cerrar esta idea sin intentar aclarar ciertos conceptos que se
transforman, curiosamente, en formas a veces decididamente antagónicas u
opuestas entre sí. Ejemplo: anteriormente el arraigo es ponderado positivamente
como una cualidad muy significativa para el hombre morador en la medida que
permite establecer una simbiosis entre él y su casa; pero mas adelante veremos
que, en sentido opuesto, se interpreta como un estigma propio de la reacción y
el retroceso. Curiosamente, la seguridad se afianza en la inseguridad: la
costumbre del cambio permanente, de lo transitorio (hoy un modelo, mañana otro,
pasado otro, hoy instalado aquí, mañana allá) pasó a reemplazar al concepto
raíz, firmemente afianzado en un territorio seguro, capaz de provocar el
arraigo. (Fuente de la
informacion: Flavio Gorelik Zonis, Argentina ) |