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que son substanciales, no se van a tratar aquí puesto que alargaría en demasía
la extensión de este trabajo. Para entrar en el tema de las period rooms, que
están fuertemente relacionadas con los museos de estilo y que tiene una cierta
relación de apariencia con los ecomuseos, vamos a recurrir a las palabras de G.
Barzim: "a diferencia de sus colegas europeos, los conservadores de los museos
americanos le dan (...) mucha importancia al hecho de mostrar los objetos en
interiores de la misma época, transportados costosamente desde Europa o los
Estados Unidos tratando de evocar aquel ambiente mediante un estilo que
acompañaba a los objetos (museos de ambientes de época), cuando no era posible
contar con escenarios antiguos. Ese sistema había estado muy presente en la
instalación del Museo Nacional de Zurich a finales del s. XIX. Para comprender
ese gusto por la reconstrucción que anima a los americanos, más aún en los
museos de ciencias (Museums Groups), hay que tener presente que el público
europeo, completamente impregnado del pasado desde su infancia, tiene menos
necesidad de esa evocación ambiental del pasado que el ciudadano americano, para
quien el pasado según el modelo de su propio país, no remonta apenas más allá
del s. XVIII. El éxito de este sistema de montaje se produce a partir de una
gran exposición sobre los estilos coloniales americanos que tuvo lugar en 1924
en el Metropolitan Museum de Nueva York y que quedó como colección permanente en
un museo: el American Wing; donada al museo por los señores Forest, el American
Wing fue construido según el modelo de interiores antiguos transportados, con el
fin de permitir una fácil instalación de puertas y ventanas. Abarcando hasta el
periodo de la vida americana anterior al progreso industrial del país, se trata
de un conjunto prodigioso, muy del agrado del público de la Unión, al que le
gusta ir a contemplar allí su pasado. También es muy útil para el visitante
extranjero que puede allí encontrar un microcosmos de la América de los
pioneros. Este movimiento, de verdadero interés para el arte de la antigua
América, encuentra su génesis en una exposición de pintura y arte decorativo
americanos (1625-1825), montada en el Metropolitan, con ocasión de la Hudson-Fulton
Celebration (1909).
Casi todos los museos americanos tienen sus "salas de época"(...) Ese tipo de
montaje ha sido muy criticado en la propia América por presentar múltiples
inconvenientes: Anquilosa el museo, hace difíciles y costosas las remodelaciones
futuras; la iluminación, tanto natural como artificial, es por lo general
insuficiente, si se quiere respetar la atmósfera de la época y, lo que es más
grave, muy perjudicial para las pinturas que se exponen, por lo demás, y de una
manera general, demasiado lejos del espectador; los rótulos explicativos de las
obras son poco cómodos, y la circulación del público difícil, debido a lo
estrecho de las entradas y las salidas; además la compartimentación del museo en
salitas sucesivas complica la vigilancia. A pesar de todos esos defectos los
americanos han quedado cautivados por este tipo de montaje".(Colaborador del articulo: Yayi, España) |