Edificios financieros



Edificios financieros.

Significación en el plano económico y financiero. Considerando la relación entre el tipo de producto ofrecido y el mercado de compradores, es evidente que en su mayor parte la actividad constructora privada se oriento, en este campo, hacia la ejecución de unidades obviamente dirigidas a compradores de capacidad adquisitiva media alta.

Ello condujo a la configuración de diseños de prototipos, función de las necesidades y expectativas a satisfacer, propia de los estratos sociales detentadores de tal capacidad adquisitiva; el mercado respondió a la oferta en la medida en que sus posibilidades de autosustentación financiera y de crédito le permitieron adquirir unidades cuyos precios crecían vertiginosamente a favor del alza de los costos de la construcción y de la avidez especulativa de los vendedores. Obvio es decir que, en una jerarquía decreciente en beneficiarios (en particular monetariamente hablando), de todo el mecanismo, y teniendo en cuenta los beneficios obtenidos y el esfuerzo y riesgo aplicados, se debería ubicar primero al financiador (persona privada o jurídica, en particular entidades bancarias), luego a las empresas inmobiliarias y promotores de venta, después a las empresas constructoras, enseguida a los profesionales proyectistas y, en ultima instancia, al adquirente. Si se tiene en cuenta, además que todos los mencionados actúan organizados, salvo el comprador (exceptuado los consorcios) y que este enfrenta individualmente a esas organizaciones que muchas veces coinciden todas o algunas de ellas en una organización única, los comentarios huelgan.

El sistema funcionó, sin embargo, hasta la creciente expoliación del sector al que iba dirigida la oferta por la vía de variados factores de distorsión del mercado y de una espiral inflacionaria en creciente expansión; esto perturbo la marcha de una maquinaria hasta el momento bien aceitada, llegándose al limite de que funcionaran solo sus engranajes extremos como la venta de unidades lujosas y de aquellas reducidas al mínimo compatible con la imagen originaria del producto. Esta situación que denota con claridad la falta de planificación controlada de una actividad económica de por si desmedida, tanto por los capitales comprometidos cuanto por el esfuerzo empeñado, se hace insostenible y conduce a una paulatina reorientación de la industria de la construcción, en función de su propia supervivencia y bajo una acción oficial, con extremas falencias, orientada hacia el campo de la vivienda de interés social. Este cambio de dirección, que para muchos partidarios del criterio liberal seria signo de la capacidad de auto acomodación de la actividad económica, solo sirve para poner en evidencia la esterilidad de los esfuerzos privados anteriores, no orientados por una sana política de vivienda, la que hubiera evitado el despilfarro de tanta energía en unidades económicamente onerosas y socialmente prescindibles, beneficiando en cambio a los sectores con mayores carencias en la materia. De todos modos, de acuerdo a las experiencias vividas, deberá fiscalizarse rigurosamente el desarrollo en este sentido de la actividad edilicia, a fin de que cumpla con los verdaderos fines propuestos en los planes oficiales (insuficientes y siempre perfectibles, por supuesto) y no se convierta en un simple avatar de las deformaciones antes señaladas.

(Fuente de la informacion: Flavio Gorelik Zonis, Argentina )

Para citar este articulo en formato APA: Revista ARQHYS. 2012, 12. Edificios financieros. Equipo de colaboradores y profesionales de la revista ARQHYS.com. Obtenido , de http://www.arqhys.com/arquitectura/edificios-financieros.html.