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La arquitectura de la Era. Buena parte de los proyectos que en el
marco de la arquitectura y el urbanismo asumió Rafael Leónidas Trujillo muestran
al cabo de más de cuatro décadas la cara más amable del régimen, con un legado
que no resiste valoraciones ideológicas ni políticas, y que constituye un
patrimonio cultural de futuro todavía incierto. Restauraciones recientes de
edificios de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD) y la intervención
de un obelisco que realiza el Ayuntamiento del Distrito Nacional dejan ver
intentos oficiales por preservar parte del legado. Sin embargo, las opiniones de
los profesionales de la arquitectura coinciden sobre la poca atención que se ha
dado al legado y la necesidad de que los sectores estatales que tienen que
tienen incidencia en el área hagan consciencia del valor patrimonial en juego.
Periferia, Architecture and Urban Design in the Caribbean, presentó en su
edición digital el libro “Arquitectura Contemporánea en República Dominicana”,
ponderando el aporte de la obra al resaltar el notable desarrollo vivido por el
país en la construcción de obras públicas desde 1961 hasta avanzado los años 80.
Pero la introducción constituyó a la vez un gran reconocimiento a la herencia
que se fomentó durante los años de la tiranía. El editor consignó el nacimiento
de la arquitectura moderna durante la dictadura )1930-1961), bajo el impulso de
los arquitectos Guillermo González, José Antonio Caro Alvarez, Marcial y Leo Pou
Ricart y Humberto Ruiz Castillo.
Revalorar a tiempo, dice Moré. Gustavo Moré parte de una anotación
fundamental para hacer su valoración: la arquitectura va más allá del sistema
que la produce, por lo cual su valor intrínseco marca distancia con su origen,
en este caso a pesar de toda la carga política y social que implicaban las obras
magníficas de la dictadura. El destacado arquitecto resalta como legado de gran
valor el conjunto de la Feria de la Paz y la Confraternidad del Mundo Libre, las
obras levantadas en la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), las que se
alzaron en San Juan de la Maguana y Barahona, entre otras. Considera que a nivel
estatal se ha hecho muy poco por entender esa arquitectura, lo que no sucede, a
su juicio, en el medio de los profesionales de la arquitectura, que valoran en
toda su dimensión el legado de la época. Como diseñador del edificio que acoge
la Suprema Corte de Justicia, levantado en el entorno de la Feria, Moré habla
con hechos cuando se refiere a la necesidad de dar el valor que se merecen los
conjuntos arquitectónicos que dejó la era trujillista. La nueva edificación dio
un nuevo perfil a la zona, realzando de nuevo el entorno, debido a que se
inspiró en el estilo predominante en el área, con los elementos favorables de la
modernidad. A su crítica sobre el desinterés estatal le agrega un atenuante, al
considerar que poco a poco se está logrando la valoración necesaria. Entiende
que esa reacción comenzó tras la demolición del Hotel Jaragua, cuando se creó un
amplio movimiento de resistencia en contra de la destrucción casi total del
edificio. “Esa pérdida fue emblemática para entender que esa arquitectura tiene
un valor que nosotros como profesionales le damos”, sostuvo, para enfatizar el
rescate reciente de varios edificios de la UASD.
Un rescate necesario, según Rancier. Omar Rancier comparte la idea de que se
han perdido obras valiosas y se han alterado otras sin razón de ser. Que se haya
perdido la oportunidad de rescatar “una de las mejores obras modernas del país
que se hizo durante la época de Trujillo”, el Hotel Jaragua, lo considera tan
doloroso como la intervención “irracional” que se hizo en la antigua sede del
Partido Dominicano, el cual acoge hoy la Secretaría de Estado de Cultura. El
actual director técnico del Consejo Nacional Urbana (CONAU) ve como un paso
desafortunado el rescate de la Feria, donde resalta, con excepción del edificio
de la Suprema Corte de Justicia, los “parches mal puestos”. Menciona los casos
de la sede del Colegio Dominicano de Periodistas, el edificio de la Lotería
Nacional y las remodelaciones del edificio del Congreso Nacional. Subraya el
hecho de que varias edificaciones del recinto ferial se hayan levantado verjas
que distorsionan la estética de la zona porque se han concebido sin tomar en
cuenta la sensibilidad del entorno. Para él es una idea errada afirmar que “lo
que se hizo en la época de Trujillo es malo”. Por el contrario, enfatiza que se
“hicieron muchas cosas buenas” que merecen ser rescatadas. “Creo que habría que
comenzar a repensar la herencia arquitectónica y urbana de la era de Trujillo”,
expresa, para recordar que una de las obras más hermosas de la época es el
emblemático Malecón, con sus obeliscos. Se refirió también a las obras de corte
fascista de Henry Gazón Bona, las cuales pueden ser cuestionadas, pero hacen una
propuesta arquitectónica que debe preservarse.
Bisonó pondera el legado vial. Con el énfasis de que la calidad de las
construcciones ha sido clave en la preservación de las obras viales levantadas
durante la dictadura de Trujillo, Rafael Bisonó pone como ejemplo la carretera
Duarte, “que era apenas un camino cuando los americanos se marcharon del país”.
Para él son también dignos de mención destacada los puentes que todavía
comunican importantes poblaciones del interior, como el alzado sobre el Río Yuna
y el colgante del Higuamo. Estas estructuras, dijo, se han mantenido con el paso
de las décadas y muchas veces a pesar de una escasa labor de mantenimiento,
debido a la calidad con que fueron construidas. Ese es un legado que hay que
tomar muy en cuenta. Bisonó lamenta que otras obras de la época no hayan podido
sobrevivir con igual suerte porque los entornos se han alterado, las
edificaciones han sido intervenidas de manera inapropiada o simplemente se han
echado abajo.
Mubarak y la visión de la modernidad. Para Mubarak es una tarea pendiente la
revalorización del legado arquitectónico trujillista, que atribuye a la
integración al trabajo de obras públicas “de arquitectos con una visión muy
adelantada para su época, con una visión de modernidad que no tenía en muchos
lugares de la región del Caribe”. Recuerdo el rigor con que se escogía entonces
el personal a cargo del diseño de las edificaciones públicas y la preparación
esmerada que tenían los profesionales de la arquitectura involucrados en los
proyectos, la mayoría con estudios en Europa. Al coincidir con sus compañeros de
oficio en que no se ha hecho todo lo posible por mantener en pie, en las mejores
condiciones el patrimonio heredado, también sostiene que nunca es tarde para
comenzar y que debe ser siempre una prioridad tal empresa, sobre todo después
que se han tenido experiencias tan desastrosas como la demolición del Hotel
Jaragua. Por: Tania Molina. |