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Inspirados en las casas de campo de WRIGHT, en cuyo taller
trabajo algún tiempo SCHINDLER, no se internaron en los ámbitos norteamericanos
de los rascacielos, sino que desarrollaron sus viviendas privadas, que en cierto
sentido superaban las obras contemporáneas de LE CORBUSIER o de MIES VAN DER
ROHE. SCHINDLER estaba muy influido por el lenguaje formal cúbico-abstracto de
su maestro OTTO WAGNER y por las obras de la Secesión vienesa. Con sus viviendas
los dos austriacos no solo se limitaron a actuar de receptores de la obra de su
maestro WRIGTH, sino que la desarrollaron con un lenguaje arquitectónico
individual y al mismo tiempo dieron entrada en la arquitectura producida en los
Estados Unidos a la evolución europea contemporánea.
Aparece un nuevo gusto. En 1925 tuvo lugar
en Paris la Exposition Internationale des arts décoratifs et industriels
modernes. Fue una exposición internacional de muestras que reunía las distintas
manifestaciones contemporáneas del diseño, de la artesanía y de la arquitectura.
Esta apretada presentación de las nuevas corrientes artísticas origino un cambio
del panorama artístico. El hecho de que la exposición de Paris diera nombre a
una nueva tendencia artística, el art decó, es una demostración de su enorme
influencia sobre el arte de los años veinte y de los primeros treinta. Las
formas cúbicas del art decó, con sus ángulos redondeados y sus segmentos de
arco, se utilizaron tanto en cubiertos de mesa y vestidos como en arquitectura y
pintura, pasando por las joyas y los automóviles. Un soplo de cubismo, una pizca
de expresionismo, un punto de objetividad de la nueva construcción y algo de
estética maquinista de carácter tecnicista: he ahí la mezcla de la exitosa
receta del art decó que capto el espíritu de la época. En muchos casos no fue
solo la elegancia de la característica peculiar de las formas compactas del art
decó, sino también una cierta pesadez, derivada entre otras de la preferencia
por los materiales pesados como el acero, la plata y sobre todo el latón. No
solo en Europa, sino también en América las obras del art decó se convirtieron
rápidamente en el símbolo de los roaring twenties, de su atractiva elegancia y
también de su decadencia. Asimismo el mundo de líneas aerodinámicas y el brillo
del cromo del art decó llego a la publicidad, que acompaño al despliegue
económico de Estados Unidos en los años veinte. La publicidad provoco el interés
por los nuevos productos en las clases adineradas, sobre todo en los centros
urbanos. Era un interés que encauzo la demanda y elevo la producción y la salida
de mercancías; ahora bien, junto a este mundo brillante estaba la América de la
pobreza. La pobreza existía sobre todo en los barrios bajos, surgidos como
fenómeno marginal de las urbes que crecían a un ritmo vertiginoso y en los que
cientos de miles de emigrantes y de norteamericanos negros confiaban vanamente
en un futuro mejor. En Estados Unidos eran los años de la ley seca y del
ininterrumpido ascenso de la industria cinematográfica de Hollywood, que hacia
la competencia al cine europeo y que poco a poco reemplazaba el cine mudo con
las nuevas estrellas del cine sonoro. El auge provocado por la gigantesca
demanda de coches, en cuyo principio se sitúa el nombre de Henry Ford (a cuyas
ordenes trabaja el arquitecto ALBERT KAHN), se prolongo en el consorcio
automovilístico de WALTER P. CHRYSLER. El CHRYSLER BUILDING será la expresión
mas clara del poder aparentemente ilimitado de los magnates del automóvil.
Respondiendo inicialmente a la demanda de otro cliente, WILLIAM VAN ALEN
construyó un rascacielos que, con sus 77 plantas y 319 metros de altura, no solo
se alzaba contra el cielo de Nueva York y fue durante algún tiempo el edificio
más alto del mundo, sino que sobre todo creo un icono, miles de veces
reproducido, del art decó. (Fuente de la
informacion: Flavio Gorelik Zonis, Argentina ) |