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Torres fortificadas.
Santo Domingo, como el resto de las ciudades en desarrollo y
desarrolladas del mundo han visto desde hace varias décadas como se multiplica
el fenómeno de los condominios fortificados. Verjas monumentales, rejas que
cubren ventanas y balcones y puertas de acero toman la dimensión de la
aprensión, en lo que las Naciones Unidas ha denominado la “arquitectura del
miedo”. Un informe del organismo divulgado este año habla de los ricos
fortificados como parte de una tendencia que avanza en contra del desarrollo
sostenible y amplía la brecha social entre pobres y adinerados. Santo Domingo
forma parte del conjunto con ejemplos muy evidentes. El polígono central que
tiene en Naco y Piantini expresiones singulares, junto a la avenida Anacaona,
dan una idea de hasta dónde la opción del crecimiento poblacional de la ciudad,
a la par del desarrollo de la clase media se ha manifestado en el levantamiento
de torres fortificadas que marcan distancia con la pobreza que asoma por muchos
perímetros de la ciudad. Un Hábitat, organismo de la ONU, consigna que para
2007, por primera vez en la historia, la población urbana del mundo supere a la
población rural. Un hecho que no sería cuestionable sino pusiera de manifiesto
otra realidad que saca a flote el organismo: . Los barrios marginales de las
grandes ciudades, con viviendas inadecuadas, sin servicios públicos esenciales y
altas tasas de criminalidad acogerán para esa fecha un tercio de la población
urbana del mundo, más de mil millones de almas. En República Dominicana, donde
el fenómeno de las torres se ha popularizado en los sectores de clase alta y
media alta en la misma medida en que ha aumentado la delincuencia y la brecha
social, la situación no transcurre no sin críticas, pero con ausencias de
iniciativas que frenen el proceso. El arquitecto Ómar Rancier, sub director del
Consejo Nacional de ,,,(CONAU), plantea que “las urbanizaciones cerradas o como
le llaman los norteamericanos, Commont interest developments, son producto del
fracaso del control social del espacio por parte de las autoridades que siguen
entendiendo que la manera de combatir el crimen es solamente represiva”.
Con la visión reflexiva que le caracteriza, subraya que la situación también que
es resultado del abandono , por parte de los ciudadanos, del espacio público,
del uso del espacio público, generado por las ofertas que se tiene en casa a
través de los medios de comunicación (internet, televisión, radio, etc.). Su
planteamiento, que reparte responsabilidades, toca tanto las aristas del
comportamiento de la ciudadanía como de la responsabilidad de los que son
elegidos para gobernarla. “Estas ofertas van desde el entretenimiento hasta las
posibilidades de comprar on line o por teléfono; esto hace que la gente use
menos el espacio público y que el mismo sea ocupado por desajustados sociales,
lo que cierra el círculo vicioso de no usar el espacio publico”. Suma a ello “la
falta de alumbrado por problemas energéticos, una policía contaminada, solamente
efectiva en términos de represión” para enfatizar que los espacios urbanos se
hacen cada vez más peligrosos y más aun en nuestra ciudad, “donde el espacio
público es una especie en vías de desaparición”. Rancier toca fibras más
profundas cuando aborda el tema de los barrios marginales, reconociendo que “se
enroscan en si mismo y se organizan con gettos sociales con sus propias normas
de conductas, trazadas muchas veces por los que dominan este espacio
económicamente: traficantes y delincuentes”. No deja de subrayar que el panorama
hay valorarlo tomando en cuenta que Santo Domingo es una ciudad con unas
normativas deficientes basadas en un criterio de discrecionalidad ejecutiva que
la hace propensa a responder a intereses políticos y/o económicos. “Una realidad
así origina que, por un lado, los sectores más ricos también traten de
enroscarse en gestos de lujo y que los sectores inmobiliarios oferten este tipo
de urbanizaciones cerradas que son la antítesis de la ciudad plural y
democrática”. A las autoridades municipales recomienda poner atención a la
tendencia que potencializa las desigualdades y fractura la continuidad espacial
publica que es la base de la ciudad. Colaborado por:
Rocio Isabelle Jimenez. |