|
A partir de obras como el Pabellón del Centenario (1913) se
dio acabadas muestras de los enormes vanos que podían construirse utilizando el
nuevo material, sin necesidad de incluir pilares adicionales de sustentación que
reducirían notablemente la visibilidad en el interior de la sala. Cuanto más
penetraba en su campo de visión las enormes posibilidades que alumbraba el
hormigón como material de construcción, más se modificaba la actitud del
arquitecto frente a este material, al que se atribuyó progresivamente una
estética propia en su forma desnuda. Si en un edificio de apartamentos de la
calle Franklin de París, Auguste Perret recubrió con mosaicos los soportes de
hormigón, su garaje del año 1905, también en la capital francesa, dejaba
encubierto el entramado de hormigón, sobre el que se aplicó simplemente una capa
de color para proteger el edificio de las inclemencias metereológicas que
pudieran deteriorarlo. Los vanos de la fachada existentes entre las columnas se
cerraron totalmente con cristales. La retícula de hormigón permitió a Perret
lograr una disposición del espacio interior relativamente libre, que podía
adaptarse plenamente a las necesidades de estacionamiento y maniobras de los
coches. El arquitecto de origen suizo conocido con el nombre de Le Corbusier,
pasaría a la posteridad quizás como el arquitecto más importante de la época
moderna, y que trabajando durante algún tiempo en el despacho de Perret, trató
de utilizar en la construcción de viviendas la arquitectura del hormigón
impulsado por este. Para construir una Flandes destruida por las batallas de la
Primera Guerra Mundial, desarrolló en 1915 el sistema domino. (Fuente de la
informacion: Flavio Gorelik Zonis, Argentina ) |