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Estas zonas son un reflejo de que tan frecuentes son los
sismos en las diversas regiones y la máxima aceleración del suelo a esperar
durante un siglo. La zona A es una zona donde no se tienen registros históricos
de sismos, no se han reportado sismos en los últimos 80 años y no se esperan
aceleraciones del suelo mayores a un 10% de la aceleración de la gravedad a
causa de temblores. La zona D es una zona donde se han reportado grandes sismos
históricos, donde la ocurrencia de sismos es muy frecuente y las aceleraciones
del suelo pueden sobrepasar el 70% de la aceleración de la gravedad. Las otras
dos zonas (B y C) son zonas intermedias, donde se registran sismos no tan
frecuentemente o son zonas afectadas por altas aceleraciones pero que no
sobrepasan el 70% de la aceleración del suelo. Aunque la Ciudad de México se
encuentra ubicada en la zona B, debido a las condiciones del subsuelo del valle
de México, pueden esperarse altas aceleraciones. El 19 de Septiembre de 1985 se
produjo un sismo que casó gran destrucción en el país y especialmente en el
Distrito Federal. La UNAM ha trabajado intensamente en el estudio de este
lamentable fenómeno. Ha registrado la actividad sísmica a través de sus redes
permanentes de sismógrafos. Registró el movimiento del terreno en el Distrito
Federal y en la costa del pacífico con una red de acelerógrafos. Además, una
brigada de investigadores del Instituto de Ingeniería y del Instituto de
Geofísica se trasladó a la zona epicentral (Michoacán y Guerrero) donde se ha
estado registrando la actividad sísmica. Finalmente, sus especialistas han
analizado e interpretado preliminarmente toda la información disponible. A
continuación se resumen las conclusiones preliminares a las que se ha llegado.
Los sismos se producen como resultado del movimiento relativo
de las placas que forman la litosfera terrestre. En México, las placas
principales son la de coco, la de Norteamérica, la del pacifico y la del caribe.
el sismo del 19 de Septiembre de 1985, se produjo como resultado del movimiento
relativo de la de cocos con respecto a la de Norteamérica. Su epicentro se ubicó
en una zona de quietud, que había acumulado una cantidad de energía
considerable. Esta zona continuó liberando energía a través de réplicas de las
cuales la más importante fue la que ocurrió el 20 de septiembre y que causo gran
alarma, pero escasos daños materiales, todos ellos asociados a construcciones
falladas previamente como consecuencia del sismo del 19. Las aceleraciones del
suelo en el Distrito Federal tuvieron características inusitadas en varios
sentidos. En el centro SCOP se alcanzaron aceleraciones del 18% de la gravedad,
contra 6% en el sismo de 1957, es decir, el triple. en Ciudad Universitaria, de
4% de la gravedad, mientras que en 1957 fue de sólo 2.5%, en ambos casos se
presentó un movimiento prácticamente armónico de 2 segundos de período y una
duración aproximada de 2 minutos. Esta situación no tiene precedente en la
sismología instrumental del país. Por su importancia, la evaluación del riesgo
sísmico, especialmente la que se refiere al corto plazo, es el aspecto que ha
recibido mayor atención. Hay indicios de que la mayor parte de la energía
elástica almacenada en la brecha de Michoacán ha sido liberada, lo cual hace
poco probable la ocurrencia de otro terremoto comparable o mayor que el del
pasado 19 de septiembre en el corto plazo. Sin embargo, es de esperarse que
continúen ocurriendo replicas, algunas de las cuales pueden ser perceptibles por
la población aun en el transcurso de los próximos 2 meses . A mediano y largo
plazo, la probabilidad de que ocurra un sismo de gran magnitud (7.5 grados o más
de la escala de richter) en otras zonas sísmicas del país, no ha cambiado en
forma importante a causa del sismo del 19 de septiembre último.
Sigue... (Fuente de la información:
SR. Harquez) |