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Por otra parte, para favorecer el ritmo de la visita y evitar problemas
visuales, la presentación de letreros, cartelas, trípticos... debe ser
preferentemente con letras grandes y claras y textos no demasiado extensos. Pese
a estas generalidades hay que tener en cuenta las necesidades del museo y sus
expectativas son individuales y propias para cada uno por lo que se llega a lo
que se ha dado en llamar la "política de comunicación", encargada de definir el
posicionamiento de la entidad ante los problemas de relación con el público
debido a la gran extensión de campos y funciones que le atañen dentro de la
actividad del museo. Citamos textualmente algunos de los puntos que podrían
resumir esta "política": Relación entre museo y medios de comunicación. Clases y
modelos de materiales a difundir. Identificación del público con el que se
quiere comunicar. Niveles a los que se quiere llevar esa comunicación. Formas de
comunicación y lenguaje. La imagen que se quiere transmitir y el diseño. Los
recursos disponibles y las prioridades. Retomando el planteamiento genérico de
la pregunta debemos tratar, en primer lugar, la comunicación como creadora del
diálogo objeto-público. Este diálogo puede darse de diferentes formas ante una
misma colección u objeto, dependiendo de a quién va dirigida y qué es lo que el
museo quiere transmitir a través de él. Lo que el museo didáctico pretende
difundir es una serie de conocimientos a través de un proceso científico de
descubrimiento; el “qué” y el “cómo” adquieren igual importancia en este tipo de
museos, estos conocimientos suelen estar relacionados con el ámbito científico y
del hombre. Cuando un museo decide comunicar algo, debe dirigirse a alguien en
concreto para adaptar esa información para que ese remitente pueda entenderla,
al hablar del gran público en el capítulo correspondiente nos hicimos una idea
de su diversidad y de la necesidad de elegir un sector del mismo, por eso el
diálogo variará según a quién vaya dirigida la información.
Este diálogo que emprende el museo debe incitar y motivar al visitante, de modo
que éste de responda y el sistema funcione, que exista un diálogo verdadero.
Este diálogo se traduce en las exposiciones, a la vez que en los criterios
expositivos, y en los programas educativos. Mientras la primera se considera una
forma de educación de masas, uniforme, los programas educativos conforman una
comunicación directa y personal, ya que implica al que la recibe o lleva a cabo,
a entablar una relación más profunda con el contenido de las obras (esto nos
lleva una vez más a la conclusión de que la introducción de programas educativos
mejora la comunicación entre museo-obra-usuario). Existen además otros medios de
comunicación que ponen en contacto al museo con sus usuarios, como son las
conferencias las cuales se suelen realizar en torno a una importante exposición
temporal o bien como parte del programa anual del museo, tocando otros temas de
actualidad e investigación relacionados con el arte avances científicos; los
cursos de formación constante también entran en este ámbito. Por otro lado
encontramos otro tipo de programación que se inscribiría en una educación no
formal, se trata de programas complementarlos que ofrecen aspectos desconocidos
del contexto de esas obras que se exponen o estudian, ampliando nuestros
conocimientos y ayudándonos a comprender su contexto. Tales son los casos de:
Recitales de poemas: En el Musée National du Moyen Age-Thermes de Cluny se
realiza la llamada La hora poética, en la que se recitan poesías o textos
medievales, de la misma época que sus obras. Conciertos: En el mismo museo que
el citado se realiza (Colaborador del articulo: Yayi, España) |