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Pero ha sido erróneamente utilizada muchas veces, usándose
valores indiscriminadamente altos y no propiamente protegidos. En primer
término, por ser la luz diurna un elemento muy dinámico, por su rápida variación
en intensidad, orientación, etc. es necesario difundirla y lograr que nunca
incida directamente en la obra, ya sea a través de diseños muy precisos de
elementos que logran su inserción en el ambiente o a través de configuraciones
de techos que cumplan ambas exigencias. Siempre es aconsejable su combinación
con fuentes artificiales, por los aspectos anteriormente expuestos.
Existen varias formas de introducir la luz natural en
un ambiente museográfico, tres de ellas son: Luz lateral: es la que
proviene fundamentalmente de aberturas en muros y ventanas. Económicamente es la
más barata de lograr, sin embargo, introduce las radiaciones directamente sobre
las obras, lo que aumenta el deterioro de éstas y provoca los peores efectos de
deslumbramiento por sus altos valores y ángulos de incidencia. .
Luz cenital: se obtiene a través de
lucernarios ó tragaluces y al contrario de la anterior, es la más costosa de
obtener, por la precisión en la ejecución para lograr niveles de
impermeabilización altos. Este tipo es el menos perjudicado por el carácter
dinámico de la luz natural y muchas veces se logra el control de las radiaciones
incidiendo directamente sobre las obras. . Luz
indirecta: se puede lograr mediante muchas opciones, pero básicamente
se basa en el principio de introducirse en el ambiente por reflexión. Es también
una variante costosa y necesita, además, de especialistas capaces de evaluar las
condiciones, mediante simulaciones (en maquetas) para obtener el efecto
resultante que se pretende.
Artificial: Existen dos tipos principales de
iluminación protagonista de las obras de arte: fuentes difusas y puntuales.
Fuentes difusas: Su cometido es bañar las
superficies sobre las cuales se colocan las obras de arte. Por esta razón, es de
uso prácticamente generalizado la utilización de fuentes fluorescentes tubulares
y compactas, incrementándose el uso de luminarias con ópticas asimétricas que
permiten una distribución más amplia sobre las obras creando superficies
homogéneas a lo largo de toda el área. Fuentes
puntuales. Su función básica es crear el énfasis necesario para darle
protagonismo a la obra e incorporar valores cromáticos más definidos para
ciertos objetos. Mediante un cuidadoso estudio de los haces de luz, posicionando
proyectores de radiación extensiva combinados con intensivos, se crea una
atmósfera ideal para iluminar de forma optima los detalles y conseguir una
correcta percepción de las obras. En este tipo se debe
incluir el uso de los iluminadores de fibra óptica con sus apreciables ventajas:
Eliminación de los rayos infrarrojos y la posibilidad de obtener niveles de
luminosidad bajos sin perdida de color. Posibilidad de instalar las fuentes de
luz externamente a las vitrinas. Facilidad de instalación. Facilidad de
mantenimiento, cuando una fuente puede alimentar varios puntos de luz. (Fuente
de la información: Ing. Alexis Alvarez Rodríguez. "Inversiones Bellas
Artes") |