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Pensemos un instante en el término "museo" y alejémonos paulatinamente de todo
cuanto hay aquí escrito ¿qué es lo primero en lo que piensa un individuo a
partir de la palabra museo? Seguramente no aparezca en su mente ninguna de las
tipologías en las que se centra este trabajo. Por lo general pensaría en un
museo de arte que es un concepto mucho más arraigado y rodeado de ese halo de no
se sabe muy bien lo que, misterio, respeto o, tal vez, santidad (quizá de todo
un poco) que nos hace entrar susurrando, que los niños dejen de correr nada más
cruzar su umbral. Para nuestra mente un museo es casi un templo, un lugar con
una transcendencia que sobrepasa nuestra cotidianeidad. Esta concepción
sacralizada procede del realce del valor estético en detrimento de otros
elementos, de los cuales el público no conoce las claves, apareciendo ante ellos
las obras como algo ajeno. Pero se debe evolucionar en esta idea, favorecer la
interacción con el público y dotar a los objetos museísticos de otros valores
como son el histórico, social, religioso... En respuesta a este cambio, por otro
lado ya decidido por el ICOM, surgen nuevas propuestas de museos, que son tan
válidos como los tradicionales o contemplativos en su concepción como tales.
El museo debe introducir estos nuevos valores entre el público, de hecho ya es
una realidad la distribución de material didáctico en ellos como son las fichas,
la presencia de talleres y la realización de actividades, que ayudan a la
formación de estos conceptos. Nos encontramos aquí ante una, más o menos,
formada realidad en la que tanto el museo en si mismo como las instituciones
educativas del exterior fomentan el conocimiento y la participación del
individuo, dentro de la institución se llega a formar un departamento
especializado, un órgano interno, constituyente casi fundamental en el panorama
museológico actual que asume el papel pedagógico y didáctico siendo capaz de
relacionar la institución y lo que guarda de un modo directo con el público.
CARACTERÍSTICAS QUE HACEN A UN OBJETO MUSEALIZABLE.
Hoy en día comienza a ser discutible el hecho de que los museos expongan
únicamente objetos materiales a causa de la introducción de las nuevas
tecnologías y el llamado mundo virtual que permiten tanto nuevas formas de
expresión artística y su exposición (cuyos resultados podemos valorar en museos
como el de Cuenca, centrado especialmente en las tecnologías digitales y su
capacidad como medio artístico) o la difusión de obras, imágenes e información
elaboradas de modo previo en formatos más tradicionales. Hay quien cuestiona el
valor museístico y pedagógico de estas manifestaciones pero es indudable su
capacidad de difusión en función tanto de su auge como de su socialización
actuales. Dejando de lado estas consideraciones, que son propias únicamente de
los últimos años y centrándonos en el objeto material, aquel que posee unas
características muy determinadas de antigüedad, rareza, valor estético, valor
científico... entraríamos a la vez en el debate sobre el carácter de objeto
musealizable de determinadas expresiones culturales. Podríamos preguntamos que
hace que un objeto sea "merecedor" de estar en un museo, que características lo
hacen distinguirle, permiten que se le conceda una importancia mayor que las que
les otorgamos a otros de nuestra vida cotidiana. (Colaborador del articulo: Yayi, España) |