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La mayoría de los arquitectos norteamericanos más destacados
no se preocupo demasiado de los debates mantenidos en Europa sobre las reformas
arquitectónicas, los cuales se calificaban despectivamente de intelectuales. En
consecuencia, la evolución de la arquitectura norteamericana entre 1900 y 1925
siguió, con pocas excepciones, sus propias vías. En lugar de relacionarse con
los movimientos modernos europeos, recurrió al repertorio de modelos históricos
y revistió los edificios altos, tan innovadores desde el punto de vista de la
ingeniería técnica, con una fachada historicista que hoy resulta anacrónica. Aun
cuando en Chicago Sullivan inicio la arquitectura moderna de los rascacielos,
otros arquitectos norteamericanos mezclaban sin ningún rubor elementos
modernistas con un lenguaje formal afín al clasicismo, al románico y al gótico.
En definitiva esta evolución dio lugar a que algunos rascacielos norteamericanos
no se diferenciasen demasiado de sus predecesores históricos, las catedrales
góticas europeas que en cuanto “rascacielos de la Edad Media” disponían de la
misma decoración ornamental con sus ventanas de tracería, sus gárgolas y sus
copetes. Esta arquitectura eclecticista de rascacielos tuvo su punto culminante
durante muchos años en el WOOLWORTH BUILDING que CASS GILBERT construyó en 1913
en Nueva York para el consorcio de grandes almacenes. Con sus 260 metros de
altura fue durante 17 años el edificio más alto del mundo. Esta torre no solo
dominaba visiblemente la ciudad por su altura, sino que reflejaba la enorme
riqueza y el poder económico de la empresa propietaria. En la consumista
sociedad norteamericana los rascacielos no eran solo una señal de progreso
técnico y social, sino que en los años sucesivos serian un importante símbolo de
categoría social y servirían de soporte publicitario e incluso, como sucedió con
el CHRYSLER BUILDING, estaban formados con partes de los elementos que
publicitaban. (Fuente de la
información: Flavio Gorelik Zonis, Argentina) |