Procesos culturales


   

Procesos culturales. 

Han existido tres textos de gran influencia en la arquitectura Latinoamericana, que es mi referente y punto de partida. Por lo cual debo mencionarlos como fundación de esta tesis. El primero sin dudas, el libro de Kenneth Frampton, Towards a Critical Regionalism que marcó la generación de arquitectos de los años 80 respecto a los temas culturales.

Este texto surgió como un intento de valorar los regionalismos, los localismos, como posibilitadores o suministradores de arquitectura, en contraposición con el movimiento centralista de poder, que siempre ha monopolizado la teoría de la arquitectura y que se origina en Centroeuropa y Norteamérica. Este intento por desviar el centro de atención de la teoría hacia los márgenes, se ajustaba perfectamente con la discusión social Latinoamericana sobre centro y periferia. Este texto venía a reforzar esos postulados y estimular la búsqueda Latinoamericana.

Un segundo escrito muy importante para Latinoamérica, fue el del arquitecto chileno Cristian Fernández Cox, Hacia una Modernidad Apropiada. El que se impuso como cuerpo teórico en los seminarios de arquitectura latinoamericana “SAL”, en los años 90s. Básicamente plantea que existen tres acepciones de la palabra apropiación: La apropiación en el sentido de ser adecuado a un determinado lugar, objeto o sujeto, la capacidad de ser correcto en un determinado territorio. La apropiación, en el sentido de ser capaz de tomar de lo otro, de lo diferente.

Lleva implícita una cierta idea de hurto, que en términos culturales sería la capacidad de tomar elementos de otras culturas y usarlas como propias, sólo por su pertinencia y su correcta adecuación. Finalmente la apropiación en el sentido de propio, que correspondería a la visión etnográfica del término cultura, al relevamiento de los valores identitarios y la posibilidad de visibilizarlos a través de la arquitectura. Fernández Cox dice que la arquitectura debe considerar estas tres acepciones de apropiación y que así debe generar un proceso analítico en el momento de diseñar, que haga pertinentes las soluciones encontradas en arquitectura a los distintos territorios en los que se desenvuelve.

Los Seminarios de Arquitectura Latinoamericana, SAL, se realizaron durante la década del 90 en diversos países, desde México a Chile y reunieron a los mejores arquitectos del continente en una continua discusión acerca del destino de la arquitectura de nuestros países. El fenómeno fue notable, se editaron diversas publicaciones con las obras de estos arquitectos, como por ejemplo, la Colección Somosur. Este fenómeno, espontáneo y colectivo, sólo es comparable, aunque con menor éxito mundial, al llamado Boom de la Literatura Latinoamericana de los años 60. La importancia de Fernández Cox, es la de haber sido capaz de reunir todas las discusiones en un texto coherente y aceptado por la mayoría como soporte conceptual del momento que se vivía.

Este sin dudas fue un gran avance en la producción de teoría desde Latinoamérica, como un intento de buscar un camino propio para el futuro de la arquitectura. Finalmente, para numeroso arquitectos de América latina, que estudian y se especializan en España, han adquirido gran importancia los escritos de Joseph Muntañola, especialmente su texto Topogénesis. Este escrito a mi juicio es un gran avance de los dos anteriores que he mencionado, especialmente al plantear el problema desde el lugar, el topos como esencia del proyecto de arquitectura y reordenar la literatura que existe sobre la materia. Sujeto, Lugar, Historia. El autor por su formación profesional, profundiza en el análisis del lugar como génesis, pues la historiogénesis (historiología) y la sujetogénesis (antropología) ya están hechas por otras disciplinas del conocimiento.

La importancia de Muntañola está entonces, en desarrollar una puesta en valor de las ideas del topos, dejándolas al mismo nivel de la Historia y el Sujeto, cuestión que no se había hecho con la profundidad que él plantea. Al agrupar la bibliografía en temas, se hace visible en los dos primeros tópicos una línea de tiempo que se ha desarrollado en forma paralela entre teoría de la arquitectura y el pensamiento sobre cultura (ver diagrama de tiempo en apéndices). El primer tema da cuenta de la trayectoria del concepto de cultura en el siglo XX, cuyo desglose sirve para comprender mejor su particular proceso de asentamiento en el conocimiento. Podríamos definir cuatro períodos de evolución del concepto de cultura: Antropología de la cultura, fines del siglo XIx Filosofía de la cultura, primera mitad del siglo Xx La primera globalización, segunda mitad del siglo Xx La segunda globalización, principios del siglo XXi. Un segundo grupo de textos hablan de la teoría de arquitectura del siglo XX. De ellos se desprenden los principales movimientos del siglo: Movimiento Moderno Posmodernismo Deconstructivismo.

Entre estos dos primeros grupos de textos, podemos ver que no existe siempre un correlato, ni continuidad conceptual. Por ejemplo cuando aparecía la antropología cultural y luego la filosofía de la cultura, la arquitectura estaba más ligada a un proceso globalizador con el Movimiento Moderno, que podríamos pensar más cercano a la primera globalización, la cual si bien se desarrolla a mediados del siglo XX, se venía incubando desde la Revolución Industrial. Luego el tercer grupo de textos habla de los escasos intentos por aproximar estos dos tópicos; las ideas de cultura y la teoría de la arquitectura. Aquí destacan tres libros: El regionalismo crítico de Kenneth Frampton. La modernidad apropiada, de Cristian Fernández Cox y Topogénesis de Joseph Muntañola.

De este tercer grupo de textos, los dos primeros constituyen de algún modo, una actitud reaccionaria al poder central, valiosa pues son los primeros intentos de construir una teoría que nace desde procesos periféricos al poder hegemónico de Centroeuropa y Norteamérica, pero con la precariedad de la primera reacción, del primer intento. Son ambos, excesivamente primarios a la hora de conceptualizar el problema al que se enfrentan y cometen un error básico; el constituirse en juicio ético. Son más cercanos a tribunales morales, que a procesos inmanentes a valores intrínsecos de la arquitectura. Por supuesto que los valores éticos no son ajenos a la arquitectura, pero eso no significa dar el salto a plantear criterios de bondad o maldad adscritos a valores morales en los proyectos.

De ese modo ambos textos, tienen en su propia definición un concepto que incluye un juicio valórico, ambos adjetivizan una postura teórica, eso constituye su fortaleza y su propia debilidad. Ambos necesitan del enemigo para existir, es decir se justifican sólo si el poder central es monopólico, perverso, un centro aséptico y no comprometido con la periferia, en el caso del Regionalismo Crítico. O si la modernidad es inexacta, equivocada e inadecuada en el caso de la Modernidad Apropiada. El problema en el que se sumergen Frampton y Fernández Cox, es por definición colocarse en el margen, en la otredad de la arquitectura; Regionalismo Crítico, implica inmediatamente un regionalismo no crítico. La Modernidad Apropiada, a su vez necesita de una modernidad inapropiada. Ambos, en consecuencia, necesitan otra arquitectura no correcta, que no tiene los valores que ellos plantean para el oficio.

Ambos son conceptos que nacen de la negación por lo tanto se fundan en la necesaria existencia del adversario, del negado. Por otra parte, ambos autores le asignan estas propiedades morales a la forma, al objeto arquitectónico, como si este tuviese la capacidad exclusiva de representar esta valoración ética. Aquí no hacen más que repetir los principios constitutivos de la arquitectura de todo el siglo XX; la forma o el objeto como motivo final del oficio. Por lo tanto se estancan como posturas teóricas, viendo su existencia condicionada a la capacidad de crear nuevas formas para entrar en el imaginario internacional.

Obviamente partir de la existencia de posturas teóricas que se sustentan en el opuesto o en juicios valóricos respecto a ellos, tienen una corta vida, como ha ocurrido en la práctica. Esto no quiere decir que la teoría de la arquitectura deba ser aséptica en términos éticos, muy por el contrario cada postura representa los valores del tiempo, pero no se sustenta en la eliminación del otro o en la negación del otro, si no en la fortaleza de sus propias planteamientos. Les damos las gracias al colaborador Juan Matias Nolasco por enviarnos este interesante material a publicar. Autor original: Jorge lobos, arquitecto Universidad de Chile.




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