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Liberación progresiva. El punto se ha
desprendido nítidamente de su estado habitual, y ha tomado un impulso que le ha
permitido saltar de un mundo a otro. Liberado de su subordinación a lo
practico-funcional, comienza a vivir como ser independiente, y su subordinación
a algo exterior pasa a convertirse en un servicio a su propia interioridad. Este
es el mundo de la pintura.
Choque. El punto es el resultado del choque
del instrumento con la superficie material, con la base. La base puede ser
papel, madera, tela, estuco, metal, etc. El instrumento puede ser lápiz, punzón,
pintura, pluma, aguja, etc. Al tener lugar el choque, la base queda fecundada.
Concepto. En pintura el concepto exterior de
punto es impreciso. El punto geométrico invisible, aquí se convierte en algo
material, necesariamente alcanza cierto tamaño y recubre un espacio determinado.
Además tiene unos límites que lo aíslan de cuanto existe en su entorno. Todo
esto se sobreentiende y parece en principio, muy sencillo. Sin embargo, en estos
casos aparentemente tan simples se suele chocar con imprecisiones que nos
remiten a la situación totalmente embrionaria en la que se halla hoy la teoría
del arte.
Tamaño. El tamaño y las formas de punto
varían, y por consiguiente varia también el valor o sonido relativo del punto
abstracto. Eternamente, el punto puede ser determinado como la más pequeña forma
elemental, resultando esta una definición totalmente insuficiente. Es difícil
señalar límites exactos para el concepto de “la más pequeña forma”. El punto
puede desarrollarse, convertirse en superficie e inadvertidamente llegar a
cubrir toda la base o todo el plano. ¿Cuál seria entonces el límite entre el
concepto de punto y el de plano? Aquí se nos presentan dos condiciones dignas de
ser consideradas: Tamaño del punto en relación al del plano. Tamaño del punto en
relación con otras formas existentes sobre el plano. Cuando una línea delgada
hace su aparición en el plano, lo que en el plano vació era un punto deberá
ahora ser catalogado como un plano. Tanto en el primer caso como en el segundo
es la relación de tamaño la que de un modo preciso fija la idea de punto. Si
consideramos al punto en abstracto (geométricamente) nuestra imaginación lo
percibe como pequeño y redondo. Sin embargo, en cuanto se materializa advertimos
que s tamaño y sus límites son relativos. El punto real puede tomar infinitas
formas; el circulo perfecto es susceptible de adoptar diminutos cuernos, tender
a otras formas geométricas, o finalmente desarrollar formas libres, incluso de
exigirlo su relativa inmovilidad, puede convertirse en un triangulo o un
cuadrado. Si su borde resulta dentellado sus puntas puedes ser grandes o
pequeñas, y las relaciones de tamaño existentes entre unas y otras pueden ser
muy diversas. De este modo, su borde es fluctuante y las posibilidades formales
del punto, se convierten en ilimitadas. Considerado interiormente, el punto es
una afirmación ligada orgánicamente a la mayor reincidencia. Internamente, el
punto es la forma más escueta. Esta replegado sobre si mismo y nunca pierde por
completo esta propiedades aun cuando adquiera una firma dentada. (Fuente de
la información: Irving R, México. Centro de estudios: UNAM ) |