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diseño físico, aborda de la misma forma las muchas decisiones socioeconómicas de
largo alcance que deben tomarse. Una ciudad presenta necesidades sociales y
cuenta con un determinado capital económico. El gobierno local actúa como agente
comprador para muchos de los servicios que los residentes y los negocios
necesitan: educación, suministro de agua, protección policial, servicio de
bomberos y entretenimiento, entre otros. La calidad, carácter y eficacia de
estos servicios requieren que la planificación ajuste las necesidades y los
deseos con el cambio tecnológico y con los objetivos de desarrollo físico. El
urbanismo, además, debería intentar proporcionar una vivienda digna (y una
mínima ayuda económica) a los habitantes que no puedan cubrir esta necesidad
básica. Cuando las viviendas locales son deficientes y los recursos económicos
permiten mejorarlas, el departamento de urbanismo puede inspeccionar las
condiciones de las viviendas y coordinar los fondos para financiar su desarrollo
y rehabilitación. El desarrollo económico de la ciudad queda también englobado
dentro del ámbito del urbanismo. Los planes de desarrollo económico se valen de
una mezcla de incentivos, asistencia técnica y publicitaria para crear empleos,
establecer nuevas industrias y negocios, ayudar a las empresas ya existentes a
prosperar, rehabilitar lo que es salvable y dar una nueva orientación a lo que
no se puede salvar. El desarrollo económico, sin embargo, debe ir más allá de la
empresa y de la facilidad de llegar a los trabajadores. En un entorno
tecnológico de rápida evolución, con frecuentes cambios globales en las
relaciones laborales, los trabajadores cualificados necesitan nuevas capacidades
y el personal no cualificado necesita algún tipo de preparación. La formación
laboral constituye una parte necesaria dentro de la estrategia del desarrollo,
en especial en lo que a los ciudadanos pobres y sin empleo se refiere. La
programación de las inversiones es el instrumento presupuestario que utilizan
los urbanistas para fijar la construcción y financiación de las obras públicas.
Proyectos como la mejora de la red viaria, la iluminación de las calles, los
parkings públicos, y la compra de terreno destinado a espacios al aire libre,
deben ser estudiados y clasificados en función de sus prioridades. Un programa
anual establece las prioridades para los años siguientes entre los proyectos
necesarios para poner en práctica el plan global y reemplazar la infraestructura
obsoleta.
El movimiento de renovación urbana que tuvo lugar tras la II Guerra Mundial no
tomó en consideración los altibajos cíclicos de los barrios urbanos. Desde esa
época hasta la década de 1960 se pensó que si una función económica como el
comercio o la industria fallaba, todo lo que se necesitaba era eliminar lo
existente y limpiar el terreno para una posterior utilización. En muchos casos
el nuevo desarrollo nunca se produjo. Se hizo caso omiso de las múltiples
fuerzas que afectan a este tipo de cambios, o bien dichas fuerzas no fueron
analizadas de forma convincente. Los urbanistas de hoy entienden que una ciudad
se ve afectada por fuerzas económicas regionales, interregionales, nacionales e
internacionales y que la efectividad de los planes para producir la viabilidad
económica de una ciudad depende del correcto análisis e interpretación de estas
fuerzas. (Colaborador del articulo:
Vladimir Angeles Atayde) |