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En un marcado contraste con las calles estrechas e irregulares de los
asentamientos medievales, la planificación renacentista hizo hincapié en calles
amplias que respondían a un patrón radial o circunferencial regular, es decir,
calles que formaban círculos concéntricos en torno a un punto central, con otras
calles que partían desde ese punto como si fuesen radios de una rueda. Entre
otros ejemplos estarían también el diseño urbano del Plan para Londres (1666)
elaborado por el arquitecto inglés Christopher Wren y las calles de Mannheim y
Karlsruhe, en Alemania. Estos diseños del urbanismo renacentista fueron los
utilizados en las ciudades españolas y británicas establecidas en el Nuevo Mundo
en los siglos XVI y XVII, como se puede ver en Savannah (Georgia), Williamsburg
(Virginia), Ciudad de México y Lima, en Perú. Ciudad de México había quedado
destruida durante la conquista, pero fue el mismo Hernán Cortés quien ordenó su
reconstrucción. La llegada casi inmediata del primer virrey de Nueva España, don
Antonio de Mendoza en 1535 fue crucial para el urbanismo en tierras de América.
Mendoza, que había estudiado las doctrinas urbanísticas de Leon Battista
Alberti, renacentista italiano, las aplicó con radicalidad, tanto en México como
en Perú, a donde se trasladó en 1550. 'La ciudad ideal' renacentista, una
cuadrícula abierta que, en el caso español se abría en torno a un espacio
central o Plaza Mayor, fue el modelo que aplicó en los dominios hispanos,
siguiendo las reglas recogidas en las 'Leyes de Indias' (1573). La labor de
urbanización llevada a cabo fue inmensa, sólo comparable con la realizada con
antelación por el Imperio romano. En sus inicios, el urbanismo estadounidense
reflejó también la preferencia por las avenidas y edificios públicos grandiosos.
El urbanismo en el siglo XX.
Las naciones anglosajonas respondieron de forma similar a la necesidad de
mejorar las condiciones de vida de las ciudades. Empezaron por regular las
condiciones sanitarias y la densidad de las casas de vecindad. Surgió entonces
un movimiento a favor de una postura más global y a largo plazo, y de un proceso
de urbanismo que examinara y controlara las muchas fuerzas que afectan a las
ciudades modernas. A principios del siglo XX se tomaron importantes medidas para
formalizar leyes que siguieron principios urbanísticos. En 1909 Gran Bretaña
aprobó una Ley de Urbanismo que autorizaba a las autoridades locales a preparar
programas que controlaran el desarrollo urbano. También en 1909 se celebró en
los Estados Unidos el Primer Congreso Nacional sobre Urbanismo, ejemplo que
pronto siguieron la mayoría de países desarrollados. Durante la depresión
económica de la década de 1930 los gobiernos nacionales y regionales
intervinieron de forma más enérgica en la planificación urbana. Para fomentar el
desarrollo económico de las regiones más necesitadas, el Reino Unido autorizó el
nombramiento de una serie de comisarios especiales con amplios poderes. Gran
Bretaña, Francia, los Países Bajos, España y otros países europeos llevaron a
cabo muchos e importantes proyectos de viviendas. En los Estados Unidos, el
presidente Franklin Delano Roosevelt, en su programa del New Deal, estableció
una Oficina de Obras Públicas para estudiar las inversiones, un Comité de
Planificación Nacional para coordinar el desarrollo a largo plazo y un programa
que dio como resultado tres ciudades de cinturón verde. En España, durante la II
República, a partir de 1931, se alentaron planes de renovación urbanística, que
transformaron el aspecto en numerosos barrios y distritos, especialmente en
Madrid y Barcelona. (Colaborador del articulo:
Vladimir Angeles Atayde) |