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Dicho diseño bioclimático, apropiado y adaptable, se ha de
considerar en todas y cada una de las fases del proyecto: urbano (ubicación y
entorno), arquitectónico (forma y orientación), constructivo (sistemas de
cerramientos y huecos) y tecnológico (equipos de acondicionamiento). El proceso
secuencial es fundamental para alcanzar la máxima calidad ambiental con la
mínima inversión:
El diseño urbano y arquitectónico deberán ser apropiado
para los principales factores ambientales, como la Temperatura y la Humedad,
considerando el proyecto formal del propio edificio en relación con la
ubicación y naturaleza del territorio, la topografía de la parcela o las
obstrucciones del entorno.
También la orientación será fundamental como sistema
adaptación que permita el aprovechamiento o protección de los diferentes
impactos climáticos direccionales, fundamentalmente el Sol y el Viento, pero
también la luz natural, las vistas, la lluvia, la contaminación o el ruido.
El diseño constructivo y tecnológico serán subsidiario
de los anteriores, contribuyendo a que los espacios arquitectónicos interiores
alcancen los objetivos fijados de comodidad ambiental, mejorando aquellos
aspectos ambientales que el diseño formal no sea capaz de garantizar. El
diseño constructivo de sistemas de acondicionamiento ambiental pasivo, tales
como elevados aislamientos y/o acumulación térmica, combinados con sistemas
regulables de captación y/o protección solar, permiten incrementar la calidad
ambiental con una inversión inicial razonable, que se amortizará rápidamente
con el consumo energético nulo o reducido durante toda la vida del edificio.
Por último, los equipos técnicos de acondicionamiento
artificial sólo serían precisos en aquellas condiciones climáticas o de uso
extremas, como apoyo a las anteriores medidas de diseño bioclimático,
beneficiándose de un menor dimensionamiento y consumo energético.
En síntesis, la clave del éxito de un diseño bioclimático se
fundamenta en un mayor esfuerzo en el diseño formal de las primeras etapas,
empezando por la planificación urbana, ya que dichos esfuerzos son
extremadamente rentables al obtener el máximo beneficio ambiental con el mínimo
coste material, mientras que los impactos ambientales no corregidos inicialmente
serán difíciles de corregir posteriormente, implicando importantes costes de
inversión en la ejecución material y el consumo energético durante toda la vida
útil del edificio, o imposibles de corregir para alcanzar la comodidad ambiental
en los espacios exteriores privados o públicos. (Enviado por: Julia Acosta. Autor:
Manuel Martín Monroy. Dr. Arquitecto. Profesor
Titular del Dto. de Construcción Arquitectónica, ULPGC.) |