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Se le considera como uno de los grandes maestros de la
arquitectura y del diseño funcional moderno. Despojó la arquitectura de su época
de las frías e impersonales formas geométricas que la caracterizaban, para
enriquecerla y suavizarla con nuevos materiales de construcción – como la madera
tradicional de su país - y con líneas más flexibles y rítmicas. En sus proyectos
arquitectónicos, Aalto siempre tomó en cuenta las particularidades del terreno y
del paisaje, la función social que deberían cumplir sus construcciones así como
las necesidades económicas, técnicas y humanas de los que iban a trabajar, a
vivir o utilizar cualquiera de sus diseños. Por eso, cada una de sus obras es un
todo armónico, un organismo dinámico dentro del cual supo crear un espacio
funcional y estético. Más que todo reconocido a nivel internacional por sus
trabajos de arquitectura, Alvar Aalto también diseñó mobiliario y objetos en
vidrio. De hecho, se dio primero a conocer por su trabajo de diseñador antes de
alcanzar la fama como arquitecto. Él consideraba el diseño de muebles como una
extensión de cualquier proyecto arquitectónico: “Casi siempre produje mis
muebles en el contexto de un conjunto arquitectónico, como acompañamiento de la
arquitectura de edificios públicos, residencias de lujo o casas de artesanos. Es
un placer diseñar muebles en una forma tan compenetrada”. Los elementos de
mobiliario y de iluminación formaban parte de su arquitectura y los utilizaba
para organizar y humanizar los espacios. Fundó, con su esposa Aino y N. G. Nahl,
la oficina de proyectos Artek, destinada a comercializar sus diseños de muebles,
telas y accesorios para iluminación a los que añadiría más tarde artículos de
cristal. Entre 1922 y 1933 hizo, con Eric Brygman como socio,
sus primeras comisiones importantes como el edificio del Diario Turum
Sanomatiturku, la Biblioteca Municipal de Vipuru (1927-35, destruida en 1943) y
el Sanatorio para Tuberculosos de Paimio (1929-33). Este último proyecto, para
el cual además diseñó los muebles y accesorios, se basaba en las necesidades de
los enfermos, desde el sol que debían tomar, hasta su tranquilidad y
entretenimiento por ello es considerado como una de las obras maestras del
arquitecto y diseñador. En 1933, Aalto se estableció en Helsinki y durante la
siguiente década se le empezó a reconocer como uno de los más importantes
arquitectos del mundo. Sus principales obras fueron el Pabellón Finlandés para
la Feria Mundial de París (1937), la Villa Mairea (1938-39) –para la cual
realizó la decoración interior y diseñó varios muebles-- y el Pabellón Finlandés
para la Feria Mundial de Nueva York (1939-40). Durante su carrera, Aalto realizó
los más diversos tipos de edificios, que abarcan desde fábricas, museos,
teatros, hasta casas habitacionales particulares, adquiriendo una maestría
técnica y práctica que se refleja en cada uno de ellos. A lo largo de toda su
obra, Aalto conservó esa voluntad de renovación, espontaneidad y libertad que
dieron a sus diseños un toque personal, original y característico. Si bien su
obra es brillante y espectacular, no está concebida para impresionar o
sorprender. Su preocupación principal fue siempre la concepción de una unidad
armónica, funcional y estética; sin embargo, la necesidad de funcionalismo tan
característica de la vida moderna, no se manifiesta en el arquitecto finlandés
con un racionalismo frío, impersonal y geométrico, sino a través de líneas
suaves y ondulantes, en el empleo de aluminio, cobre y maderas de ricas y
diversas texturas y tonalidades, en fachadas articuladas, en muros recubiertos
que atenúan la severidad de líneas y ángulos en la búsqueda de fuentes de luz,
accesorios y mobiliario que humanizan, dan calidez y amabilidad al ambiente. (Articulo enviado por:
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