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Otras veces, se forman figuras irregulares, pero siempre
definiendo porciones de terreno que llamamos manzanas y que “sirven para ubicar
las viviendas, edificios públicos, parques, etc. A las calles les ponemos
nombres de personas, hechos sociales y fechas históricas, no especialmente para
recordar estas personas o hechos, sino más bien para identificarlas y ubicarlas
dentro del tejido urbano. Así todos los Juanes no son iguales y existe Juan
Pérez, Juana García, Juan López. El complemento de un nombre es su dirección,
una identificación urbana de una persona. Por eso tenemos el nombre de las
calles Duarte, Independencia, Santomé. El apellido urbano es el número: Santomé
17, Santomé 106. Y cada una de ellas es diferente, y detrás de esas fachada,
está una familia, con su vida, sus aspiraciones, sus amores, sus dolores.
Escogiendo un nombre Juan, un apellido Pérez, un número 103 y una calle Santomé,
tenemos lo siguiente: Juan Pérez, Santomé 103, código de identificación humano
urbano de un núcleo viviente que no solamente sabemos quien es sino también
donde está su pequeño pedazo de territorio dentro de la gran ciudad. ¿Qué
particularmente tiene con respecto a todos los demás desde el punto de vista
humano? pues ninguna en especial, es igual a todas las otras. ¿Qué tiene en
especial Juan Pérez? pues todo, ya que él es el universo particular lleno de
vivencias que solamente él tiene y para él no hay nadie más importante en ningún
otro número ni en ninguna otra calle. La arquitectura está escrita al igual que
la historia de los importantes, pero hay tantos días anónimos que son los
verdaderos forjadores de esas fechas transcendentes. Yo estoy seguro de que la
casa que está ubicada en la Santomé 103 nunca estará citada, fotografiada en
ningún tratado de arquitectura, pero me pregunto con inquietud interiormente:
¿Cuánto tengo derecho yo como parte de una comunidad? ¿ Con cuál tengo
intercambio de servicio profesional?; para negarle mi atención y la importancia
que merece todo núcleo de vida, traducido especialmente en una unidad
arquitectónica.
Los arquitectos de Santo Domingo nos reunimos a discutir, no con frecuencia, las
últimas corrientes arquitectónicas que nos han traído los vientos de la moda a
nuestras costas a través de publicaciones especializadas en la materia, cuya
finalidad es universalizar los pequeños universos como Juan Pérez, la Santomé
103, Santo Domingo, la Republica Dominicana e integrarlos bajo nombres en
lenguas extranjeras a corrientes internacionales, que no tienen raíces en
nuestro suelo como son Art-Decco, Ginger-Bred, la Arquitectura Moderna, Etc, el
Post-Moderno, y otras más....cuando todavía no sabemos bien quienes somos en
esta media isla de Dios. La mayoría de estas publicaciones, que llenan
bibliotecas y forjan sueños en las mentes de los futuros arquitectos creando
paradigmas que alejan tanto de nuestra realidad que no nos dejan ver el sol de
nuestro trópico y la realidad desnuda de nuestros ambientes, que nos grita... ¡
Yo soy tu realidad, mírame! Estudiante, identifícate en este espejo, que esto
eres tú. Pero no, siguen llegando revistas, imágenes, bombardeos de academias,
sin académicos. Qué vemos en la gran mayoría de estas publicaciones donde las
fotos son estupendamente tomadas, pero no corresponden a una realidad
arquitectónica, si no a una realidad fotográfica. Por ejemplo la “ Casa de la
Cascada “ Frank Lloyd Wrigth, conocida mundialmente, pero nunca nadie ha visto
la casa de la posición desde la cual el fotógrafo tomó la foto para poder lograr
una composición fotográfica, pero arquitectónicamente irreal. En estos universos
arquitectónicos transmitidos a través de los medios y las publicaciones, la
realidad arquitectónica y vivencia desde el punto de vista humano de la Santome
103 no tiene cabida, es una casa anónima más de la realidad urbana de nuestra
ciudad, así como tantas otras casas, que albergan unidades familiares, comunes
de nuestro medio y que son la mayoría de nuestra población.
La Santomé 103, fachada común de nuestra ciudad, encierra, del lado dentro del
muro las topologías comunes y tan poco estudiadas de nuestro medio natural, como
es la pequeña sala con muebles forrados de plásticos producidos en serie por una
empresa local. En las paredes de esas casas anónimas evolucionó desde el Retrato
del Jefe, el Corazón de Jesús, al paisaje anónimo de New York, Canadá, o la niña
de rizos rojos sacándose la espina en el pie, a alguna fotografía del padre, la
madre, la hija, convertido en un póster amplificado. Un poco más adentro
encontramos el comedor de sillas de metal forrado de plástico y el tope de la
mesa de formica. En una esquina el seibo, de la traducción dominicana de la
palabra Side-Board. En el patio presente, imponente la lavadora. Apareció de
nuevo el compañero y olvidado cocinar con leña y a veces con aserrín, mientras
la estufa esta en receso quejándose de la escalada de precio. Las soluciones
barriales, ya no es solamente la lámpara humeadora, ahora aparece un nuevo
aparato “el pequeño inversor” para dormir con abanicos. El reggeaton, explota el
tímpano del vecino..., pero que importa si tengo en casa mi musicón. Mientras
todos se contornean al ritmo sabroson, no entiendo como pueden ver al mismo
tiempo en el televisor, a Sábado de Corporan, 9x9 Roberto, La Opción de las 12,
o Chévere Night, La esclava Isaura, La Heredera, las noticias, lo cómicos que
hacen trizas a las figuras publicas o a los políticos, o dios sabe que.
Por fin... el sueño los vence o la falta de clientes, no se, pero el sueño los
vence, entonces el compañero inseparable aparece “ el Mosquitero”, guardián
celoso de sus sueños, de las bestias acecinas que brotan de las cañadas
pestilentes ó tal vez los viejos y olvidados drenajes de aguas negras. Para
soportar la falta de ventilación de la unidad arquitectónica en un medio
tropical como el nuestro nunca falta en la mesita de noche el abanico o en la
pared, giratorio o quizás en el techo, pero son muchos que aunque no puedan,
tienen su casa LG (aire acondicionado) y si la Mal.... luz les deja, los
disfrutan , aunque lo compren, aunque fiao. Podríamos seguir describiendo ese
universo predominante de una casa anónima de nuestra ciudad, que no es el objeto
de admiración arquitectónica, pero si parte importante de la mayoritaria ciudad
de Santo Domingo. Muchas veces pienso a la salida de una importante conferencia
de arquitectos donde ha disertado un brillante expositor nacional o extranjero
sobre las corrientes actuales de la arquitectura mundial, y en esos momentos me
pregunto ¿ bajaremos algún día los ojos de las estrellas los arquitectos? ¿
veremos el paisaje que nos golpea día a dia?, ¿ Apreciaremos la realidad que nos
rodea? ¿Continuaremos sin saber quien somos?, ¿Mantendremos algún día
vinculación alguna con el medio que nos rodea? ¿Soñaremos con quimeras? La
verdad que me gustaría saber lo que ustedes piensan... Por
Diario Libre. |