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Reflexionar sobre el gran acontecimiento de la
arquitectura, cuando los muros dividen y aparecen las columnas. Louis Kahn.
Tres períodos:
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Coincide con una larga incubación y llega hasta la mitad de los años cincuenta.
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De 1955 a 1961, explosivo, riquísimo y contradictorio de su aparición sobre el
escenario de la arquitectura norteamericana, proyectos en Filadelfia y los
laboratorios Richards.
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Es el de la formulación teórica y el de la producción arquitectónica más
homogénea y programática, en donde se consolida como el máximo exponente de la
cultura de la arquitectura norteamericana y alcanzar el papel mítico de "poeta
de las instituciones".
Al segundo período se vinculan dos adquisiciones fundamentales destinadas a
renovar profundamente la cultura arquitectónica. La primera concierne al
acercamiento hacia la ciudad moderna vista dramáticamente como un organismo
dialéctico en el que puede dominarse el caos a condición de individual las
contradicciones más sobresalientes, separando por así decirlo sus factores. La
fase última y la mas madura de las investigaciones kahnianas es la
"fundamentalista". En sus grandes proyectos a escala urbana y en los complejos
volumétricos concebidos en función de instituciones publicas, el arquitecto
separa netamente los espacios protagonistas "servidos", de los espacios
accesorios "sirvientes", y polarizando estos elementos compone sumas de partes
que tienen la evidencia y la claridad de la cristalografía. Se podría trazar la
historia compositiva de cada una de sus grandes composiciones volumétricas "En
el principio era el cuadrado o el cubo. y el cubo fue dividido en cuatro partes
según sus leyes de simetría ortogonales y diagonales. y los cilindros se
acercaron al cubo señalando sus aristas". De una serie de "operaciones" de
desplazamiento que se pueden reconstruir mentalmente casi si hubiesen dejado en
el movimiento una "estela" un rastro latente.
De esta metodología -que invierte la relación forma función, asignado a la
forma la tarea de "evocar" la función y añadirle una cualidad capaz de
modificarla sustancialmente- los escritos de Kahn son sus testimonios poéticos
más que teóricos. Las instituciones son las casas de la investigación.
Escuelas, bibliotecas, laboratorios, gimnasios. La forma inspira el proyecto.
Una obra de arte es la creación de una vida. El arquitecto escoge y compone
para traducir las instituciones del hombre en ambientes y relaciones
espaciales. Es arte si se responde al deseo y a la belleza de las
instituciones. La didáctica kahniana se nutre de su duplicidad y
contradictoriedad, debía a sus dobles raíces, a la vez antitéticas y
complementarias: la educación Beaux-Arts recibida en París en los años
decisivos de su formación y la experiencia desde el interior del estatuto
funcionalista. Kahn, distinguía entre forma y design y sostenía que la forma
deriva de una atenta consideración de las actividades humanas que se
desarrollan en el edificio y de las demás exigencias de orden funcional. Al
contrario, el design es una especie de reconsideración imaginativa ligada a la
forma pero con un fuerte grado de independencia. Existe en este proceso de la
forma a la función y de la función a la forma una oscilación pendular que
tiende a amortiguarse gradualmente o a estabilizarse hasta alcanzar un
equilibrio, ya sea este estático o dinámico.
Por medio del trabajo de los herederos de Kahn, y en modo particular de Ventura
y de Moore, se construye lentamente una tradición y una praxis cargada de
consecuencia, que señala en direcciones diversas la salida definitiva de la
ortodoxia del Movimiento Moderno. Robert Venturi, personaje amable y defensor
esquivo de la fertilidad de la duda, pero seguro y mordaz en sus juicios, se ha
convertido en el irónico patriarca de una generación de arquitectos que esta
transformando el panorama arquitectónico de Estados Unidos. La contribución
teórica de Venturi es totalmente diferente de la de los maestros del Movimiento
Moderno y también de la de Louis Kahn. No consiste en la indicación sistemática
de lo que debería hacer un arquitecto o en la afirmación poética de los
principios universales que se tienen que seguir, si no en ofrecer una clave de
lectura de una serie de textos arquitectónicos. No se preocupa por demostrar su
elección recurriendo a motivaciones universales, se basa más bien en el
contagio y en la simpatía, es decir, en la hipótesis de que sus observaciones y
sus juicios encuentren un eco espontáneo en el lector, por que nace de un
amplio sentimiento colectivo, de la reacción hacia una cultura que con su
pretensión de universalidad a producido efectos funestos precisamente por que
ha perdido la aproximación directa y concreta a las cosas.
A la motivación de un paralelismo de la complejidad con el "espíritu del
tiempo" Venturi añade la del valor estético de la ambigüedad, característica
casi constante en la obra de arte que extrae siempre valor del hecho que
suscita múltiples niveles de significación. El principal trabajo del arquitecto
consiste en organizar un conjunto único partiendo de elemento convencionales,
introduciendo juiciosamente elementos nuevos cuando los antiguos se vuelven
impropios (.). Si utiliza las convenciones de manera anticonvencional, si
prepara objetos comunes de manera no común, cambian su contexto y puede incluso
utilizar un tipo consolidado para obtener un objeto nuevo. Si colocamos objetos
familiares en un contexto no familiar se perciben más como objetos nuevos que
como objetos antiguos. Una arquitectura basada en la complejidad y la
contradicción no renuncia a la unidad. Yo atribuyo, en efecto -escribe Venturi-,
una particular importancia a la creación de un todo por que este todo es
difícil de realizar. Y el fin que persiguió es el de la unidad antes que el de
la simplicidad en un arte cuya verdad radica en la totalidad. Esta es la
difícil unidad obtenida a través de la inclusión más que la fácil unidad
obtenida a través de la exclusión. Autor y colaborador:
Rogelio González, royflaq@yahoo.com.mx
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