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Al efectuar una revisión al panorama
arquitectónico mexicano del siglo XX, sin duda una de las figuras que
destacan tanto por la calidad de las obras arquitectónicas realizadas como por
su cantidad, es la de Carlos Obregón Santacilia. Para ubicar su aportación y
trascendencia en una dimensión justa es necesario aproximarnos al contexto
histórico, político, social y cultural que enmarca lo prolífico de su obra,
cercana a las 150, realizadas en un lapso de tiempo que va de la década de los |
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años veinte a los sesenta. Como
se sabe, el siglo XIX se caracterizó en su arquitectura por la producción de
edificios y construcciones con apariencia de europeos –franceses e italianos
principalmente; más preocupado por su apariencia externa que por su
funcionalidad. Por ello era necesario tomar conceptos nuevos como el del celebre
arquitecto, Otto Wagner, de la escuela vienesa, quien afirmaba “que la nueva
arquitectura será dominada por paños lisos, superficies tubulares y aplicación
de materiales sin recubrimiento”.
Nuevos enfoques y por supuesto nuevos vientos que se dejaban sentir en el
anquilosado panorama arquitectónico ecléctico en el que sin razón de ser se
mezclaban estilos hasta construir otro estilo, “el de la pura apariencia
externa”, como lo describiría posteriormente el propio Obregón Santacilia. Por
décadas, el eclecticismo, es decir la combinación de varios estilos, “ató de
manos” la creatividad de los arquitectos. (Articulo enviado por:
Peter,
Peterperro@hotmail.com) |