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Ente Arquitectónico vs. Medio Ambiente.
Es obvio que el impacto ambiental de los seres humanos aumenta cuando sus
demandas de condiciones de vida ( es decir, sus grados de necesidades y uso )
sobrepasan las de una existencia sencilla. Resulta, pues fácil de comprender que
cuanto mas nos alejamos de un modelo de vid a sencillo, mas complejos serán los
recursos que tengamos que extraer del medio ambiente, y , en consecuencia, tanto
mayor será el subsiguiente deterioro ambiental. Por ejemplo, es posible reducir
la influencia humana en el medio ambiente, pero siempre a costa de una reducción
en la provisión de cobijo y confort. O dicho de otro modo, cuanto exijamos menos
a los ecosistemas, mejor será su impacto sobre ellos. Si no tuviéramos necesidad
de cobijo y confort, no seria necesario hacer un enfoque ecológico del medio
edificado. Podemos, pues concluir que en el enfoque ecológico, el proyectista
debe proyectar con la premisa de que el impacto humano aumenta con relación al
incremento de las demandas de condiciones de vida más allá de las propias de una
existencia sencilla. En el proceso de proyecto, y antes de empezar a proyectar
el arquitecto debe revisar primero el programa de proyecto y definir el alcance
de las condiciones de alojamiento y confort. En ese momento deberá tomar las
siguientes decisiones.
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Cual es el nivel de vida actual de las condiciones de vida?
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Cual es el nivel de las condiciones de vida requerida por los usuarios?
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A que pueden estar dispuestos a renunciar?
Si el arquitecto pretende que los impactos ambientales se reduzcan drásticamente
a su mínima expresión , ello se traducirá en que la sociedad tendrá que volver a
una forma de vida mucho mas sencilla, a unas condiciones de vida que planteen
menos demandas de confort ambiental , morada, consumo de energía y materiales
que las habituales en el mundo actual. Sin embargo, hay que ser conscientes de
que para ponerlo en practica se requiere una compleja y exhaustiva
reestructuración de las actuales estructuras sociológicas, económicas y
políticas, lo que obviamente queda fuera del campo del alcance del proyectista
individual. Por desgracia, en la mayoría de los casos, el programa de proyecto
ha sido establecido previamente por otras instancias y por la propia sociedad en
la que opera el arquitecto. Si admitimos que el proyectista es una persona
encargada de solucionar problemas, debería ser libre también para decidir que
problemas son los que hay que resolver. Sin embargo, en la mayoría de los casos,
tanto los problemas como las soluciones le vienen impuestos al arquitecto.
Incluso los requerimientos y las condiciones ambientales del proyecto, así como
también el presupuesto, se determinan, incluso la mayoría de las veces antes de
contratar al arquitecto. Dadas las limitaciones socioeconómicas y políticas de
la sociedad actual en la que trabaja el arquitecto, este puede optar por cambiar
el orden existente y sus limitaciones, o bien proyectar con estrategia de ‘’
ganar tiempo’’, para permitir que la sociedad vaya haciendo los necesarios
ajustes con vistas a adquirir unos hábitos sociales y de consumo, unos valores y
un modo de vida de las adecuadas tecnologías respetuosas con el medio ambiente.
En este ultimo planteamiento, la estrategia del arquitecto ha de ser siempre
intentar reducir al mínimo los impactos previsibles del sistema proyectado y en
la medida de lo posible mantener esa estabilidad global de los ecosistemas. En
este caso , puede decirse que nuestro sistema proyectado representa una
autentica manifestación del arquitecto sobre el alcance del impacto del proyecto
sobre el medio ambiente, alcance que ha sido previsto y asumido por el
proyectista y por los usuarios. De esta forma, el proyecto predice, el papel de
los impactos que producirá sobre el ambiente. Así pues, la predicción de los
impactos ecológicos de una propuesta de proyecto debe ser un factor esencial en
todas las decisiones de proyecto debe ser un factor esencial en todas las
decisiones de proyecto. Como ya se ha dicho antes, el medio edificado es un
componente artificial del ecosistema que ha sido proyectado para proporcionar al
ser humano ciertas funciones y servicios predeterminados (de tipo físico,
espacial, social, cultural, etc.). En términos generales, puede describirse como
el ambiente proyectado y construido por el ser humano para procurarse protección
contra los elementos naturales, y confort, y para alojar los dispositivos de
apoyo, aumentar su efectividad y la de sus dispositivos. El medio edificado se
proyecta para posibilitar la ejecución de un abanico de actividades y
operaciones dentro de su marco físico. Por lo tanto el medio edificado no solo
consiste en su estructura física, sino también en las acciones y actividades
humanas en el sistema proyectado , y en las funciones operativas de los
subsistemas mecánicos y componentes bióticos del sistema, todo lo cual puede
englobarse dentro de lo que se llama relaciones internas del medio edificado.
En el proceso de proyecto tradicional, al arquitecto le corresponde la labor de
determinar y predecir todas las funciones y actividades operativas que van a
tener lugar dentro del sistema proyectado. En el proyecto ecológico, el
arquitecto tiene, además, la tarea adicional de valorar con antelación el
impacto de cada una de esas acciones y actividades sobre el ecosistema. Durante
este proceso los rasgos del ecosistema y sus respectivas flexibilidades a los
cambios proporcionaran los criterios ambientales para determinar si el abanico
de acciones y actividades asociadas al sistema proyectado y las funciones
operativas de los servicios de apoyo son admisibles en ese ecosistema. Si el
arquitecto aspira a asegurar la supervivencia del medio edificado en la biosfera
a largo plazo, sus sistemas deberán mantener ciertas relaciones imprescindibles
con los ecosistemas y sus procesos. Mas que proyectarse totalmente aislados de
los ecosistemas, el medio edificado debe proyectarse de manera que integre y
mantenga unas relaciones compatibles con ellos. Podrá decirse entonces que el
sistema proyectado ha asumido, al mismo tiempo, un papel ecológico (activo o
pasivo) respecto a la composición y el papel es responsabilidad del arquitecto,
el cual deberá asegurar que el sistema proyectado exista y funcione como un
componente completo de los ecosistemas, y no como un sistema independiente y
desgajado de cualquier relación con el ecosistema del lugar, ni tampoco como un
sistema totalmente dependiente. |