Arquitectura local



Arquitectura local.

Primero fue una villa fundada por Alberto del Canto en 1577 junto a los “ojos ge agua” de Santa Lucia después vendría la fundación carvajalina con el nombre de San Luis Rey y, finalmente, el 20 de septiembre de 1596, fue redactada y firmada el acta de fundación de la Ciudad Metropolitana de Nuestra Señora de Monterrey. El progreso fue lento en la región noreste mexicana. A mediados del siglo XIX el perfil urbano de Monterrey se veía realzado únicamente por algunos edificios destacados-como lo fueron el del Obispado, el convento de san Francisco, la catedral, la ciudadela y el antiguo palacio municipal. Monterrey, como capital del estado; creció en importancia.


Con la introducción del ferrocarril en 1881 pudo asegurarse el naciente desarrollo; pero lo que finalmente impulsó todo fue la exención de impuestos decretada por el gobernador Lázaro Garza Ayala: para las industrias que en breve se establecieran en la ciudad. Los primeros edificios de finales del XIX, construidos con ladrillo rojo, del tipo Cervecería Cuauhtémoc, simbolizan la mística de trabajo que caracteriza a los regiomontanos. De ladrillo son los talleres y estructuras de Fundidora Monterrey, destacando la chimenea de su horno alto número uno; esta fue la primera empresa siderúrgica de gran escala instala- da en América Latina. Los edificios industriales surgieron a la par de las instalaciones ferroviarias cuyas estaciones representaron toda una identidad arquitectónica en su momento.

Con remates esquineros de piedra, tejados en dos o en múltiples direcciones, y de los cuales fueron estupendas muestras la estación de El Nacional, ya demolida, y la de El Golfo. Edificios que nos permiten evocar la arquitectura de aquella época, llamada de “Los buenos tiempos”. En 1895 se inició la construcción del palacio de gobierno bajo un esquema neoclasicista en su interpretación mexicana, de cantera, con un pórtico de acceso a doble altura, plafón artesonado y ocho columnas de orden corintio. De la misma época son el Hotel Ancira, el Casino Monterrey, así como la obra del arquitecto Alfred Giles; quien contribuyó al patrimonio arquitectónico de Monterrey con el edificio del Banco Mercantil, 1901, el edificio La Reinera y el arco conmemorativo del primer centenario de la Independencia, localizado en la confluencia de la Avenida Progreso y Calzada Unión, hoy Pino Suárez y Francisco I. Madero, respectivamente. La tecnología aplicada a la construcción, en la primera década de este siglo, hizo su debut en la ciudad al construirse la Casa Holck con la innovación del concreto armado.

Hasta hace poco al contacto de sus anaqueles de madera y la vista de sus capiteles en forma de zapata invertida, entrar en este lugar daba la sensación de que el tiempo se había frenado. En las postrimerías de la dictadura porfirista se detuvo la producción arquitectónica, en tanto que el momento posrevolucionario se caracterizó, culturalmente, por la búsqueda de un lenguaje que expresara el sentir generalizado respecto al régimen precedente. Ello provocó que en la arquitectura se ensayaran variados “ismos”, hasta que lo internacional y las artes decorativas marcaron la pauta a seguir. Muestras regiomontanas de lo anterior son la escuela Plutarco Elías Calles, ubicada en la Avenida Madero, y la Escuela Industrial Álvaro Obregón: con su vestíbulo magnificado por un gran vitral a manera de plafón, único en la ciudad. La horizontalidad característica del perfil urbano de Monterrey a principios de los años 30 se rompió con sus dos primeros edificios elevados: uno es el Palacio Federal, iniciado en 1928, que haciendo gala de la influencia del art-deco, a la vez de los remates zoomorfos en sus escalinatas laterales, presenta motivos nacionalistas de indiscutible corte neoindigenista. (Articulo enviado por: Prefiere anonimato)

Para citar este articulo en formato APA: ( ARQHYS. 2012, 12. Arquitectura local. Revista ARQHYS.com. Obtenido , de http://www.arqhys.com/articulos/arquitectura-local.html.)




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