|
fueran indios hostiles o mestizos, había ya disminuido; si
bien la región continuaba en el aislamiento, ante la falta de medios de
comunicación desde el centro con la vastedad territorial norteña, con su impacto
en la preservación de modos y costumbres fincados en una economía a ultranza
para todos los efectos. De ahí que antes fuéramos hasta tacaños en el norte.
Nada que no fuera indispensable resultaba superfluo, hasta el ornamento en la
arquitectura, pero las cosas cambiaron. Por fin llegaron la calma y la seguridad
a México, agarradas de la mano del régimen porfirista, respaldado por un
ejército de primera línea y la reactivación de la economía. Los trenes llegaron
en 1881 y acortaron las distancias. El norte se incorporó a la dinámica
nacional. Estamos en las postrimerías del siglo XIX y principios del XX. En el
contexto internacional las cosas marchaba a todo vapor La pauta de la mejor
tradición cultural en general y del arte en particular provino de Francia, en
tanto que Inglaterra dominó el progreso industrial apoyada en su imperio
colonial, mientras que los Estados Unidos dieron cuenta de lo que quedaba del
imperio español en 1898. Es la época de las grandes
exposiciones. En la de 1851, John Paxton construyó el pabellón conocido como el
Palacio de Cristal, en Londres, innovando en la prefabricación de las
estructuras, en tanto que la apoteosis se alcanzó en 1889 con el alarde de
ingenio y técnica, así como vanguardia cultural, con la torre que Gustave Eiffel
construyó para la Exposición Universal, próxima al Sena, en la época del mejor
momento de la gran vida parisina, como nos muestra Renoir en ese expresivo
lienzo de Le Moulin de la Galette y de cuando todo París se rendía al
torbellinito ritmo de Orfeo en los Infiernos, impuesto en Le Moulin Rouge,
mientras que la arquitectura del eclecticismo historicista y con ello el
neoclasicismo de la academia, se veía confrontada por las nuevas corrientes
modernizantes, cuyas propuestas incluyeron el Art Nouveau, "...que por otra
parte no fue sólo un estilo arquitectónico, sino que impregnó todas las
costumbres dé una época...", cuando Héctor Guimard construyo uno de los más
célebres accesos al metro parisino y Víctor Horta se expresó insuperablemente .
con su diseño de la casa Tessel en Bruselas, a la par que, hacia el sur, en
Barcelona, en otra vertiente del vanguardismo modernista, Antonio Gaudí diseñó
la Casa Mila y el Parque Güel, dentro de un paradigmático esquema formal, casi
mágico y fantasmagórico, utilizando racional y óptimamente las cualidades
estructurales y expresivas de los materiales de construcción, mientras que en
Viena tuvo lugar el movimiento de la Secesión; y el pragmatismo alemán, por vía
de la Deutscher Werkbund, propuso una especie de maridaje entre la producción
artesanal y la normatividad de la producción industrial, asunto que encontró
fuerte oposición en la teoría "Voluntad de Forma", de Alois Riegel y secundada
por Peter Bhernes y Henry Van de Velde. A lo anterior sumamos la llamada Escuela
de Chicago, con la obra de William le Baron Jenny y Louis Sullivan, cuya
aportación arquitectónica se apuntaló en la nueva tecnología de la construcción:
"Los esqueletos metálicos fueron el gran aporte de esta escuela; la arquitectura
está al servicio de la industria y es al mismo tiempo fruto de la revolución
industrial". (Articulo enviado por:
Prefiere anonimato) |