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Como es obvio, el funcionalismo se desarrolló sobre todo en
los campos del diseño y la arquitectura, puesto que en ambos la "función" de la
obra marca necesariamente la forma. El arquitecto Adolf
El Racionalismo. El movimiento llamado
racionalismo reunió a las personalidades más notables de la arquitectura de este
siglo; las obras y la teoría de este movimiento son profundamente individuales,
pero tienen los denominadores comunes de la simplicidad de formas, del retorno a
los volúmenes elementales (el cubo, el cilindro, el cono y la esfera) y de la
lógica constructiva por encima de la evasión ornamental. Los arquitectos más
remarcables de este movimiento eran Le Corbusier, Mies van der Rohe y Walter
Gropius, con su escuela Bauhaus. La escuela de Bauhaus (1919-1933) desarrolló el
funcionalismo vinculándolo al mismo tiempo a una estética. Las enseñanzas de la
Bauhaus transcendieron los límites de Alemania y el marco cronológico de su
duración; se puede decir que toda la arquitectura y el diseño del siglo XX son
deudores de la "poética" de la Bauhaus. Walter Gropius fue su fundador y primer
director, le sucedieron Hannes Meyer y Mies van der Rohe; fueron profesores,
entre otros, Kandinsky, Klee y Laszlo Moholy-Nagy.
El éxodo que provocó el ascenso del nazismo llevó a muchos de
estos artistas a los Estados Unidos, donde siguieron desarrollando sus
enseñanzas. El funcionalismo está vinculado al progreso técnico; sus propuestas
son irrealizables sin los aportes contemporáneos de la técnica (hormigón, acero,
etc.). El máximo exponente del funcionalismo es Le Corbusier, que reduce las
formas arquitectónicas a las esenciales: cuadrado, cubo, círculo, cilindro. Sus
casas están pensadas para vivir en ellas y dar una respuesta generalizable, es
decir, racional, a los problemas prácticos que plantea la vida cotidiana. En
España el funcionalismo arraigó fuertemente; el catalán Josep Lluis Sert es uno
de sus máximos exponentes, incluso a nivel mundial. (Articulo enviado por:
Fuente anonima) |