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Respecto al concepto de ahorro de recursos, la mejor estrategia será siempre la
supresión o reducción de la demanda del consumo, criterio que debería prevalecer
sobre el consumo de bienes renovables en su origen o recuperables al final de su
vida útil. Hay que considerar que todos los recursos materiales invertidos en la
edificación se caracterizan por generar enormes cantidades de residuos, ya sea
durante todo el proceso de ejecución, desde la obtención de materias primas
hasta su transformación en elementos o sistemas constructivos, como también
durante la fase de explotación del edificio, ya sea por su consumo energético
(CO2 y contaminación) en su vida útil, como por las periódicas operaciones de
mantenimiento y renovación, entre las que destaca el proceso final de
demolición. Además, entre todos los recursos materiales no renovables se debe
destacar el consumo del propio territorio, mediante la ocupación del suelo y la
modificación medioambiental del entorno. Este proceso se caracteriza por su
sinergia negativa, generando un deterioro exponencial en función de la escala de
la intervención, de consecuencias ecológicas irreversibles o difícilmente
recuperables. (Enviado por: Julia Acosta. Autor:
Manuel Martín Monroy. Dr. Arquitecto. Profesor
Titular del Dto. de Construcción Arquitectónica, ULPGC.)
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