Ciudad de San Salvador


   


Por: Arq. Ricardo Arriaza Vega, www.arriazavega.com

Haciendo alusión a las alegorías clásicas, un título que personifica a la Ciudad de San Salvador como un ente vivo que transforma y es transformado. Por eso: “La Gran Dama Enferma”. Un artículo donde se presenta un diagnóstico que puede ser de cualquier metrópoli latinoamericana, Se tocan aspectos claves dentro del funcionamiento de una Ciudad que juntos proveen una determinada calidad de vida. Desde los finales de los años setenta viene un desarrollo especial dentro del URBANISMO en todo el globo.

La palabra era “Continuidad”. Desde décadas atrás se planteaban cuestiones para organizar un ESPACIO que representaba un caos incontrolable. Caos que llegó a sorprender a Le Corbusier y convertirse en un triste localismo, que para nosotros ha representado un enorme grado de inconciencia en el construir de nuestra Ciudad de San Salvador. El tema ecólogico, un tema que nos daría un ejemplo claro de la interrelación de las especies y el escenario que habitan. La Ciudad es nuestro biotopo, un lugar que debe alcanzar niveles para lograr una sana interrelación entre las partes.

Hoy, en nuestros días la palabra “Continuidad” ha sido desplazada por la de “Contexto”. Los estudios sobre el Distrito Comercial Central elaborados por el Arquitecto Ricardo Arriaza Vega, arrojaban cifras alarmantes en la parte de la mancha verde. Este y otros temas hicieron al Arquitecto expresarse en un medio local a través de caricaturas. A la derecha muestra el tratamiento de las áreas verdes como un aspecto necesario para hacer más llevadera la vida en nuestro clima tórrido y posibilitar las relaciones entre los habitantes. La vegetación y otros elementos importantes para Una Nueva Ciudad , deben generar esperanza dentro de un espacio “visitable” y “vivible” por todos. Dentro de una inminente globalización, vemos una ausencia de un desarrollo local sano y una adecuada apariencia de la Ciudad de San Salvador. Necesidad históricamente aplazada, que hoy por hoy se convierte en un fuerte requerimiento en lo funcional y en lo estético.

En un artículo de EL DIARIO DE HOY (San Salvador, 30 de Abril del año 1995) en el suplemento conmemorativo de los cuatrocientos cincuenta años de la ciudad, se hacía mención a información encontrada en el escrito “ANTITESIS DE CENTRO HISTORICO” . (1995), un pequeño apañado del estudio de ASPECTOS DE PERCEPCION SICO-SOCIAL , estudio elaborado para la Oficina de Planificación del Area Metropolitana de San Salvador (OPAMSS) en el año de 1989. Datos que sin verificar las cantidades, a ciegas, podría afirmarse que seis años después de haber sido publicado el artículo en el rotativo local, nuestro Distrito Comercial Central, en San Salvador, presenta, a esta fecha, un aspecto similar.

Tristemente, tal fenómeno se extiende hasta nuestros dias, quince años después del estudio, sin una toma de conciencia decisiva, donde se desarrolle un escenario actual y eficiente. Donde realmente se actúe contra el CAOS. En el año 2002. Petra Roth (Alcaldesa de Frankfurt am Main, Alemania) visita Beijing para dar una exposición dentro de un Simposio de Desarrollo Estratégico. Petra Roth, hace mención sobre la construcción de identidad citadina. Elemento que ejerce un factor decisivo para la construcción de una Nueva Ciudad. Haciendo énfasis en la apariencia del perfil urbano, de eso depende como se vean los citadinos entre sí. El Centro de San Salvador,una de la áreas comerciales de mayor tamaño e imporatancia en América Central, se encuentra desatendida, a pesar de que hemos visto algunos aportes. A continuación puede encontrar el Artículo de El Diario de Hoy (San Salvador,30 de Abril 1995)

La gran dama enferma
Y las raíces se alargaron…

“Las ciudades, sus estructuras e instituciones son el reflejo de la vitalidad de los seres humanos que la componen “, dice el arquitecto Ricardo Arriaza Vega, en su estudio sobre el “Centro” de San Salvador”, que compara con un corazón de diagnóstico grave. Sin embargo, para tocar la problemática que toda gran ciudad en desarrollo conlleva, y teniendo en cuenta que nuestro “corazón” es un centro histórico, tenemos necesariamente que regresar a esos días cuando la ciudad “nació planificada bajo los rudimentarios conceptos urbanísticos de la época, como una clara intervención de la Corona en sus nuevos dominios de ultramar, que paulatina y espontáneamente ha dado lugar a cambios en su estructura y proyección de las interacciones sociales”. (Ricardo Arriaza Vega: Antitesis del Centro Histórico, 1995). Con las luchas que se suscitaron entre conservadores y liberales y los choques bélicos con los países del área se trasladan tridimensionalmente al contexto urbano que sufre principalmente estancamiento económico, durante los casi cien años de vida independiente, evidenciándose el aparecimiento de edificaciones importantes durante los veinte primeros años de este siglo, una época impregnada del gusto refinado de la “Belle epoque”.

Pero es hasta los finales de los cuarenta y cincuentas que surgen edificaciones que proveen a la ciudad de diversidad en su volumen, como muestra de adhesión al movimiento modernista que tomaba cuenta del paisaje en ciudades como Montevideo, Río de Janeiro y en todos los puntos del planeta. El centro de la ciudad ya se ve evacuado por los antiguos moradores. Se crean nuevos asentamientos periféricos absorbidos por las clases abastadas, nacen nuevos polos comerciales que compiten en diversidad y sofisticación con aquellos instalados en el centro tradicional.

Comienzan a ocurrir “otros” hechos que contribuyen al proceso de transformación . Se incendia Catedral. En 1951 se traslada del “Parque Dueñas” (Plaza Libertad) a la Plaza Barrios; se crean nuevas parroquias. Se evacuan oficinas estatales para conformar el centro de gobierno que se consolida espontáneamente. Se define un cinturón periférico de equipamientos de recreación que es iniciado por la construcción de Parque Balboa, definiéndose la “Ruta de lo Planes de Renderos”. La construcción del parque de la Feria Internacional, apoyado posteriormente por núcleos comerciales e instituciones gubernamentales en las cuales destaca el Museo Nacional. La transformación del Paseo General Escalón en eje gastronómico y de comercio-servicio sofisticado.

Al oriente, la instalación del teleférico de San Jacinto. Paralelamente, el área central se ve envuelta en el abandono, acrecentando por el reflejo de inseguridad producto de una guerra de más de diez años , el continuo flujo del campo a la ciudad , el desempleo, el crecimiento desmedido del sector informal, la ya generalizada falta de identidad de los citadinos, la falta de organización en el transporte, la amenaza creciente hacia las piezas y conjuntos arquitectónicos de interés, la toma de decisiones unipersonales, la batalla sin cuartel por ciertos grupos publicitarios, el crimen, servicios deficientes de vivienda y como remanente el terremoto de 1986. Al centro de la ciudad se le ha dado en llamar recientemente Distrito Comercial Central (D.C.C.), una “copia” de la denominación del Central Bussines District (C.B.D), utilizado por los urbanistas norteamericanos y considerado como constante en los diferentes modelos económicos del crecimiento urbano. Y el D.C.C. es uno de los enclaves geográficos más importantes del país y como escenario significativo que es, principalmente desde el punto de vista cultural, necesita de mayor atención; esto es, del rescate en su totalidad de la de la mayoría de edificios que conforman el “Centro Histórico”.

El paraíso perdido.
Pero como se ha ido expandiendo en lo que se conoce como “mancha de aceite “, el crecimiento no ha sido ordenado y si priorizamos que el área metropolitana cuenta con más de un millón de habitantes y de igual forma corrientes y fuerzas socioeconómicas con castrantes climas políticos, la ciudad, a estas alturas, mas que un centro cultural, es un caos alienado con otras culturas. Para comenzar las “malas condiciones del D.C.C.”, debido a intervenciones parciales, sin tomar en cuenta que el tratamiento aislado de plazas o edificaciones no viene a construir decisivamente en las mejoras del escenario urbano. Sin embargo, hay que mencionar ciertos logros, como el rescate del Teatro Nacional hace casi una década, el rejuvenecimiento de la fachada de ANTEL, la lucha de la Cámara de Comercio con su pieza ubicada en la 3a. Calle Poniente y la 11ª. Avenida, y últimamente la restauración del Palacio Nacional. Aun así, el simple hecho de renovar el revestimiento de una edificación no es suficiente para modificar todo el panorama. Es necesario combatir el deterioro que abarca poco más del 90% de D.C.C., situación que se agrava con la colaboración de los predio baldios , los casos que presentan carácter de atendimiento emergente son los tramos de vías con edificaciones dañadas por el terremoto del 86. dentro de las edificaciones del D.C.C., un 30% corresponde a edificaciones relevantes, de ellas más de la mitad en las calificaciones criticas. Solo un 2% está con sus documentos completos, habiendo sido extendido su permiso de habitabilidad. Es decir que el 98% restante, muchos de los cuales habitados, se encuentra en total incertidumbre, creando una situación realmente alarmante.

Otro aspecto negativo para la ciudad es la proliferación de rótulos y cables por doquier, que alcanza niveles no admisibles de rotulación. Cada quien hace uso de la comunicación social como le da la gana y aun esta parte también debe llevar su orden: mantas, vallas publicitarias de composiciones y ubicaciones caprichosas, que se transforman en barreras visuales y sobrecargan el ambiente, la mayoría con información obsoleta . Un nivel inadecuado, tanto para las construcciones como para la actividad comercial. Hay un adagio que dice “nuestro derecho termina donde comienza el de los demás”. El espacio público puede ser utilizado para publicitar bienes y servicios, pero su abuso contradice la sentencia anterior. En una palabra, los comerciantes del centro tiene un pésimo gusto publicitario que daña la imagen física de toda la ciudad . Con los cables el problema radica en que los hay por todas partes y muchos instalados desordenadamente frente a edificios como el Teatro Nacional , por citar un ejemplo, además de los que son utilizados por las ventas callejeras, así como por muchos almacenes grandes, a quienes lo estético les viene sobrando. Otro punto es el trafico y, por consecuente, el sistema vial. Las vías donde se encontraron conflictos se elevaron a un 78, de estas un 50% presenta situaciones en las que se dificulta el deambular por problemas generados por los vehículos, mas el sector informal con su movilidad y considerable área de influencia en aceras y rodaje. El mayor peso se presenta en el Distrito 2 y Distrito 3, donde el espacio público presenta una gran inseguridad.

Un punto especial lo ocupan los sistemas colectivos de transporte con los abusos que tanto dan que hablar. Algunas personas creen que una solución podría ser colocar mas semáforos y abrir y ampliar las vías. Hermosos ejemplos del caos lo constituyen la Autopista Norte y la 49ª. Avenida Sur, que se convierten cada día en un verdadero infierno a partir de las 4 de la tarde. En el D.C.C. la existencia de un inconcluso y parcial sistema de señalización, sumado a la ya tratada comunicación social, el posteado sin criterio, el ruido de las bocinas, las cortinas de “smog”, el calor y la imposibilidad de informarse de su ubicación, debido a la ilegibilidad de la nomenclatura o las barreras frente a estas que dificultan su lectura, un punto que se debe específicamente a los vehículos o los comerciantes. Además de ser una incoherente y “antojadiza” nomenclatura. Solo en el Distrito Comercial Central se constató que un 43% de sus vías carece de cualquier señalización y que un 36% posee solamente nomenclaturas o camellones barras de seguridad. Así la integridad de las personas y bienes se ven amenazados por el irrespeto generalizado a las normas que rigen el tráfico vehicular. El departamento de Transito debería entender que el centro de San Salvador merece mas atención que el Paseo Escalón. Otras ciudades del mundo que ya pasaron por este problema lo han solventado evitando el cruce del centro, destinando corredores para ello.

Tal vez aquí pudiese hacerse lo mismo, pero para eso necesita un estudio especializado; sin embargo, no hay que complicarse y a lo mejor las soluciones podrían empezar por la señalización, la nomenclatura y especial atención a los transportistas urbano, quienes son los que mayor irrespeto proporcionan a las normas de tránsito. Pero todavía puede recuperarse el D.C.C. o centro histórico, dotándolo de una mayor calidad de vida con actividades donde se involucren todas las entidades relacionadas, locales y del gobierno central, grupos particulares y la población en general, y principalmente, por medio de una cultura de unidad y apego a los valores cívicos y elevando los conceptos de la estética, porque algo que no se ha tomado en cuenta es que las personas necesitamos de un gran ambiente agradable e incitante para que la verdadera paz llegue a nuestra ciudad, la que nos da trabajo y nos permite sobrevivir día con día.”

 


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