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El orden clásico de la arquitectura. No hay
ni que decir que lo que ha dominado el orden arquitectónico de Occidente, desde
la época grecorromana hasta la arquitectura moderna, ha sido el sistema
arquitectónico clásico, en el cual se intentaba determinar la composición
arquitectónica basándose en un orden geométrico, teniendo como modelo el cuerpo
humano. Esto se ha explicado repetidamente, basándose primero en Vitruvio y
perfeccionado posteriormente por aquellos libros de Alberti, Palladio y Serlio.
Es un orden estático dotado de un eje central fuerte en cuanto al plano
horizontal y un orden claro que se divide en tres partes, que son base, cuerpo
superior y cuerpo intermedio. Es un orden comparable a la música tonal compuesta
por armonía, melodía y ritmo, en la música clásica que ha venido dominando en
Europa. Justo a principios de siglo, cuando Schönberg propuso una música de doce
tonalidades intentando cambiar el orden estático, en la arquitectura moderna
también se insistía en la descomposición del orden arquitectónico clásico
cambiándolo por la combinación de los planos horizontal y vertical abstractos
descubiertos en la pintura moderna, con el cubismo. Sin embargo, dicen que las
obras de los dos arquitectos principales que defendían estas ideas y que
influyeron de forma aplastante en la arquitectura de este siglo, Le Corbusier y
Mies van der Rohe, aunque estaban compuestas por elementos geométricos claros y
simples con la utilización de nuevos elementos como la pared totalmente blanca,
los forjados de hormigón armado, o los armazones de acero y de cristal,
encerraban detrás la intensa sombra de la arquitectura clásica. En el caso de
Mies van der Rohe, su plano estático, de centralidad cada vez más intensa, eraun
retorno total al concepto del plano de la arquitecturaclásica; en el caso de Le
Corbusier, podemos percibir la influencia del clasicismo en el trazado
regulador, en la aplicación de la proporción áurea que él mismo denominó módulo
y en “la coincidencia proporcional entre su villa y la de Palladio” (C. Rowe,
Manierisumo to kindaikenchiku [Manierismo y la arquitectura moderna], traducido
por Y.
Matsunaga & T. Ito, Ed. Shokokusha). Ciertamente, al compararlas con las obras
de Rietveld, arquitecto vanguardista contemporáneo, las obras tanto de Le
Corbusier como de Mies son mucho más conscientes de la “arquitectura”, frente al
método de Rietveld de aplicación del método pictórico al tridimensional, usando
todos ellos la composición por planos abstractos. Sin embargo, tanto en Le
Corbusier como en Mies la proporción y el ritmo del eje que enlaza con la
arquitectura clásica estaban ocultos tras su faceta abstracta, hasta que fueron
puestos de manifiesto por C. Rowe. ¡Quién podría imaginarse la Villa de Palladio
cuando se viera aparecer de repente entre las paredes hechas de ladrillos
tiznados de hollín, la refrescante cuadrícula hecha de acero y de cristal de
Mies, o los cubos totalmente blancos hechos de hormigón de Le Corbusier! Aunque
hoy día nuestros cuerpos están muy acostumbrados a la vida en el espacio rodeado
de superficies blancas y abstractas de acero y de cristal, hace unas cuantas
décadas seguramente esto debió de ser algo increíblemente impactante y ficticio
para el cuerpo. Lo que tenemos que reconocer firmemente es que la finalidad que
tenían estos dos arquitectos no consistía en la introducción en sus obras del
orden clásico, sino que lo utilizaron como medio inevitable para introducir un
nuevo concepto del espacio en la sociedad y sistematizarlo. Si se hubiera
invertido este orden, su arquitectura habría quedado en un mero conservadurismo.
En el último capítulo de Genealogía de la Arquitectura Clásica, John Summerson
dice que la importancia del módulo en Le Corbusier “consiste en que formó parte
de la base espiritual de la persona que lo creó, al igual que lo eran otras
muchas teorías de arquitectura”. Y dice que gracias a la obtención de tal
método, fue posible la libertad de forma o la búsqueda de racionalización, como
se observa en la capilla de Notre-Dame-du-Haut, en Ronchamp. “Intentar llevar
las cosas con racionalización”, ése es seguramente el último pero no el menos
importante legado del clasicismo a nuestra arquitectura. Por llevarse a cabo
racionalmente las cosas se frena pero se estimula al mismo tiempo la
creatividad. Precisamente éste ha sido el método que se ha utilizado siempre
para la creación arquitectónica y lo seguirá siendo. Sin embargo, me parece que
en la confusa ciudad de hoy día tenemos que dudar, incluso, del orden con que
“se intenta llevar las cosas racionalmente”. (Autor oficial:
Toyo Ito. Enviado por: Peter
Nocasco Kiñoz, Argentina) |