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Minimalismo en los espacios Comerciales. La
monumentalidad de la arquitectura minimalista es aparentemente respetuosa porque
resulta contenida, y por lo tanto extraña. Las características en un inmueble
sin marcos, sin cornisas, marquesinas o frisos, como en un rostro sin cejas, lo
de menos podría parecer la expresión y lo de mas protección, el mantenimiento.
Pero con la eliminación de marcos, tabiques y puertas, el espacio sin adornos ni
distracciones, se convierte en el autentico protagonista de esta manera de
proyectar, ya que se enfoca en cosas de más valor, que elementos que puedan
distraer la atención de el comprador, en este caso... El minimalismo se presenta
volcado al interior, a un interior, paradójicamente o consecuentemente vació.
Por eso no sorprende que sea precisamente en el interiorismo donde la
arquitectura minimalista encuentra una tipología propia. Un espacio riguroso,
visible en el detalle e invisible como impacto, podría componer el marco
perfecto para un lugar de exposiciones. En el caso de museos, galerías, centros
de exposición y comercios son tipologías en las que la arquitectura desnuda no
debe entrar en competencia con el producto expuesto, forzando que sea el propio
producto el que diferencie tipológicamente el espacio o sirva de reclamo
comercial.
Con el acristalamiento de la fachada, los locales comerciales se convierten, por
entero en un escaparate, lo que significa que durante el día se aprovecha la
iluminación natural y que al atardecer el local entero se transforma en su
propio reclamo luminoso. En los comercios minimalistas, entendidos como cajas de
luz, los rótulos anunciantes se convierten en escrituras sutilmente insinuadas,
esgrafiadas o sustraídas de la propia fachada del edificio. La propia
arquitectura callada del minimalismo se hace visible desde la invisibilidad de
sus componentes, en espacios tan vacíos son obligados. |