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artista Leonardo Izaguirre, con ello la nueva
instalación comenzó a funcionar, continuando así la tradición de un servicio que
existía en México desde la época prehispánica. En este lugar existía un edificio
se la época virreinal conocido como el hospital de terceros, que para esas
fechas se había convertido en el Hotel de Ferrocarrileros, ahí se empezó a
proyectar en 1898 la construcción de la sede central de correos. Él entonces
ministro de obras publicas, por instrucciones expresas del General Porfirio
Díaz, no escatimar esfuerzos y gastos, el arquitecto encargado del proyecto fue
el italiano Adamo Boari, mientras que los cálculos y la concepción fueron obras
del mexicano Gonzáles Garita. El edificio está desplantado sobre una cimentación
tipo Chicago tan en boga en esos momentos fue ejecutada en México por Milliken
BROS, de Nueva York.
Adamo Boari concibió el proyecto del Palacio Postal dentro de las líneas de un
Palacio europeo que bien pudo haber estado en cualquiera de las grandes
capitales de la época. A pesar de sus dimensiones y el predominio del macizo
sobre el vano, el edificio no da ninguna sensación de pesantez. El remate
general de todo el volumen a base de cresteria ligerísima compone magistralmente
el conjunto. Si estilísticamente hablamos la solución es totalmente Sui generis,
la definición final de su estilo es ecléctico, tiene formas isabelinas con
remates e impostas del gótico y plateresco español, con logias venecianas, con
trazos ondulantes del Art Nouveau como las del Palacio de Monterrey en
Salamanca, con gráciles ventanas gemidas y arquillos conopiales. (Articulo enviado por:
Julio César Pérez Guzmán,
esstigma@hotmail.com) |