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los esquemas arquitectónicos, ya que pertenecían a diferentes
tendencias: eclécticos, historicistas, y seguidores del nouveau,
fundamentalmente. Por otra parte, hay que tomar en cuenta que muchos arquitectos
mexicanos de aquella época, habían recibido su formación profesional en Europa o
en los Estados Unidos de Norteamérica, o bien provenían de la Escuela de
Arquitectura dependiente de la Academia Nacional de San Carlos en la cual,
lógicamente, recibieron una formación también europea. Desde tiempos de Santa
Anna fue común enviar a jóvenes mexicanos a hacer sus estudios a Europa; por
ejemplo Juan y Ramón Agea fueron enviados por el propio Santa Anna a estudiar a
Roma, regresando en 1846 e introduciendo por primera vez los Tratados de Reynaud
y Viollet-Le Duc. Antonio Rivas Mercado, estudió asimismo en Inglaterra y
posteriormente en la Escuela de Bellas Artes de Paris, regreso a México en 1879
y fungió como director de la Escuela Nacional de Bellas Artes a partir de 1903.
Entre los arquitectos extranjeros que vinieron a nuestro país durante el
porfiriato tenemos por ejemplo: * Adamo Boari. * Emilie Benard. * Máxime Roisin.
* Silvio Contri. * Ernest Brunel. * Luis Long. Siendo italiano el primero y
franceses los últimos; los tres vinieron a México en 1897, con el motivo del
concurso internacional para el proyecto del Palacio Legislativo y todos ellos
fueron formadores de posteriores generaciones de arquitectos: los dos primeros
como profesores en la Academia, y el último como creador de un taller propio que
funciono hasta 1914. Así, dentro de los discípulos de Boari tenemos a: * Manuel
Ortiz Monasterio. * Bernardo Calderón. * Ignacio Marquina. * Federico Mariscal.
Muchos otros arquitectos extranjeros, se dedicaron a
construir solamente: Lemos y Cordes, arquitectos norteamericanos, por ejemplo,
construyeron los edificios de la Casa Boker (1898) y la Mutua (1900); Silvio
Contri, italiano proyectó el edificio para la Secretaria de Comunicaciones
(1906); Ernest Brunel, frances, el mercado de Guanajuato (1904-1910); Luis Long,
suizo, el Palacio de Gobierno de Guanajuato, etc. Consecuentemente la variedad
de "estilos" arquitectónicos es una característica más connotada de este período
estos, sin embargo casi nunca fueron trabajados a la manera del historicismo
arquitectónico, sino siguiendo al movimiento ecléctico. Es común entonces
encontrar reunidos en un solo edificio, elementos arquitectónicos y ornamentales
neoclásicos, neogóticos, neorrománicos, neomudejares, neoplaterescos, del
nouveau, e inclusive indicios de lo que fue llamado "renacimiento mexicano",
movimiento prenacionalista que pretendió dar vida a una arquitectura basada en
lo prehispánico y que surgió a raíz de los hallazgos arqueológicos de Leopoldo
Batres. Respecto a este movimiento, Adamo Boari manifestó que las formas
arquitectónicas propias de un pueblo debían utilizarse en la arquitectura pero
"renovadas y modernizadas". En congruencia con este pensamiento utilizo
elementos indígenas, tanto en su proyecto a un monumento a Porfirio Díaz (1900,
no realizado) como en el Teatro Nacional (1904-hoy palacio de Bellas Artes), en
donde "Boari trató de hacer un Art-Nouveau ‘mexicaniza’, por lo cual asoman en
muchas partes cabezas de tigre y coyotes y unas poderosas serpientes que ondulan
en los arcos de las ventanas del primer piso. El eclecticismo se dio, tanto en
los monumentales edificios institucionales y empresariales, como en residencias,
villas y chalets de la aristocracia y que por moda alcanzo a la arquitectura
habitacional más modesta. (Articulo enviado por: Julio
César Pérez Guzmán,
esstigma@hotmail.com) |