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las vibraciones producidas por la maquinaria, mobiliario,
materiales y mercancías almacenadas y por máquinas y ocupantes, así como las
fuerzas motivadas por cambios de temperatura. Estas cargas son temporales y
pueden provocar vibraciones, sobrecarga y fatiga de los materiales. En general,
los edificios deben estar diseñados para soportar toda posible carga viva o
muerta y evitar su hundimiento o derrumbe, además de prevenir cualquier
distorsión permanente, exceso de movilidad o roturas.
Principales elementos de un edificio. Los principales elementos de un
edificio son los siguientes: 1) los cimientos, que soportan y dan estabilidad al
edificio; 2) la estructura, que resiste las cargas y las trasmite a los
cimientos; 3) los muros exteriores que pueden o no ser parte de la estructura
principal de soporte; 4) las separaciones interiores, que también pueden o no
pertenecer a la estructura básica; 5) los sistemas de control ambiental, como
iluminación, sistemas de reducción acústica, calefacción, ventilación y aire
acondicionado; 6) los sistemas de transporte vertical, como ascensores o
elevadores, escaleras mecánicas y escaleras convencionales; 7) los sistemas de
comunicación como pueden ser intercomunicadores, megafonía y televisión por
circuito cerrado, o los más usados sistemas de televisión por cable, y 8) los
sistemas de suministro de electricidad, agua y eliminación de residuos.
Cimientos. El diseño de la estructura de un
edificio depende en gran medida de la naturaleza del suelo y las condiciones
geológicas del subsuelo, así como de las transformaciones realizadas por el
hombre en esos dos factores.
Condiciones del suelo. Si se pretende construir un edificio en una
zona con tradición sísmica, se deberá investigar el tipo de suelo a una
profundidad considerable. Es evidente que deberán evitarse las fallas en la
corteza terrestre bajo la superficie. Ciertos suelos pueden llegar a licuarse al
sufrir terremotos y transformarse en arenas movedizas. En estos casos debe
evitarse construir o en todo caso los cimientos deben tener una profundidad
suficiente para alcanzar zonas de materiales sólidos bajo el suelo inestable. Se
han encontrado suelos arcillosos que se llegan a expandir hasta 23 cm o más al
someterlos a largos periodos de humedecimiento o secado, con lo que se producen
potentes fuerzas que pueden cizallar o fragmentar los cimientos y elevar
edificios poco pesados. Los suelos con alto contenido orgánico llegan a
comprimirse con el paso del tiempo bajo el peso del edificio, disminuyendo su
volumen inicial y provocando el hundimiento de la estructura. Otros tienden a
deslizarse bajo el peso de las construcciones. Los terrenos modificados de
alguna forma suelen tener un comportamiento diferente, en especial cuando se ha
añadido o se ha mezclado otro tipo de suelo con el original, así como en
aquellos casos en que el suelo se ha humedecido o secado más de lo normal, o
cuando se les ha añadido cemento u otros productos químicos como la cal. A veces
el tipo de suelo sobre el que se proyecta construir varía tanto a lo largo de
toda la superficie prevista que no resulta viable desde el punto de vista
económico o no es posible edificar con seguridad. Por tanto, los análisis
geológicos y del suelo son necesarios para saber si una edificación proyectada
se puede mantener adecuadamente y para hallar los métodos más eficaces y
económicos. Si hay una capa rocosa firme a corta distancia bajo la superficie de
la obra, la resistencia de la roca permitirá que la extensión sobre la que
descanse el peso de la construcción no tenga que ser demasiado grande. A medida
que se van encontrando rocas y suelos más débiles, la extensión sobre la que se
distribuirá el peso deberá ser mayor. (Articulo enviado por:
Junior Rosario,
yaniar79@hotmail.com) |