|
Richard Rogers: “Soy partidario de las ciudades estado y la competencia entre
ellas” . Autor junto a Renzo Piano del edificio Pompidou de París,
Richard Rogers ha entrado en España por la T4 de Barajas: coautor del proyecto.
Y tanto le ha gustado este país, que ha instalado aquí la gran sucursal de su
estudio londinense. Sus próximos proyectos son la remodelación de Valladolid y
una de las torres de la zona cero de Nueva York. Mentiré a lo largo de toda la
entrevista, porque a lord Richard Rogers le gusta que le llamen simplemente
Richard. Y así lo hago, entre dientes, con cierto rubor. Pero, como verán, luego
queda escrito lord Rogers. Así que lord Rogers se deleita esta mañana en la
terraza de su estudio madrileño, un ático en la milla de oro, Velázquez casi
esquina Lista, sentado sobre una tumbona blanca, la camisa blanca sobre la lona
blanca, refulgiendo al sol, el sol de frente porque así él lo pide. El
arquitecto británico (nacido en Florencia en 1933), brillante exponente en el
parnaso de los stararchitects (arquitectos estrella), está montando en la ciudad
su mayor estudio internacional, el segundo en envergadura después del que dirige
en Londres. Y por qué: porque entiende y siente que este país vive la más
interesante revolución cultural de Europa. Y cómo: pues a través de la relación
profesional que durante 10 años y un magno proyecto (la T4 de Barajas) le unió
al arquitecto español Luis Vidal, entonces director del estudio Lamela o algo
así como el ingrediente español en el alma de la terminal.
-
P. ¿Por qué este idilio con España?
R. España es desde hace 10 años el país más interesante de Europa. Así como
Francia vivió en los años 70 y 80 el mayor renacimiento cultural, España es hoy
el país más dinámico tanto en términos culturales como de negocio.
-
P. Esa entusiasta regeneración que entonces vivió Francia y que hoy le toca a
España, ¿no puede suponer un riesgo en este país tan poco cuidadoso con su
pasado?, ¿algo así como una fiebre del cemento: demoler y volver a construir?
R. No me parece que se esté dando ninguna manía demoledora. Consiste en saber
conservar lo mejor y añadir lo nuevo. No creo que España lo esté haciendo mal,
porque es consciente de su pasado cultural; hay en cambio un balance bastante
positivo entre la conservación de áreas históricas y la reconstrucción de nuevos
espacios. Creo que este país está progresando porque hay una aceptación general
y una concienciación sobre las necesidades de regeneración urbana. Yo soy
partidario de las ciudades estado y la competencia entre ellas, porque esto
genera soluciones alternativas.
-
P. ¿Se considera usted más un urbanista que un arquitecto?
R. No veo ninguna diferencia entre ambos conceptos. Me gusta muchísimo el
urbanismo, pero de hecho estudié y trabajo como arquitecto. Es un error hacer un
edificio sin tener en cuenta cómo va a condicionar el espacio público a su
alrededor, que afecta a mucha más gente de la que albergará. La arquitectura es
un problema urbanístico y también una cuestión política.
-
P. Sabido es que Richard Rogers es un lord de izquierdas. ¿Qué significa hoy
ser de izquierdas?
R. En primer lugar, ser lord no implica una elección sino una selección del
primer ministro, y sí, yo fui seleccionado para asesorar a mi país sobre
arquitectura, de modo que soy el consejero jefe del Partido Laborista en
materias urbanísticas. ¿Ser de izquierdas?, supongo que significa sentir la
responsabilidad de lograr una mayor calidad de vida para el mayor número de
ciudadanos posible. Mi empresa destina una gran cantidad de dinero a caridad,
cada uno de nosotros somos responsables con la sociedad en la que vivimos, donde
la diferencia entre ricos y pobres es cada vez mayor.
-
P. ¿Usted cree en acciones caritativas como la de Bill Gates, donando 1.500
millones de dólares para investigar la malaria mientras su empresa es una de las
mayores responsables de la creciente desigualdad?
R. ¿Y por qué no hace lo mismo el resto de la gente?, ¿por qué la mayoría de las
grandes empresas evaden sus impuestos? Yo lo encuentro fantástico: si todos
hiciéramos lo mismo que Bill Gates se acabarían los problemas en África.
-
P. ¿No sería más lógico cambiar el sistema para no generar tales diferencias?
R. Sí, ¿y eso cómo se hace? Como diría mi madre: el dinero no soluciona la
vida, pero la hace más fácil. Obviamente, lo ideal sería tener programas
políticos para solucionar estos problemas, pero me parece muy importante
aprender a dar. Si observas los sistemas fiscales, comprobarás que la clase
media es la que paga impuestos, porque los ricos se las ingenian para enviar su
dinero a lugares seguros. Por eso no me parece justo tratar a todas las grandes
empresas igual, porque algunas son mucho más justas que otras.
-
P. En alguna ocasión ha dicho que las autoridades deberían animar a sus
ciudadanos a volver a las ciudades. ¿No le parece que antes debieran encargarse
de que estas ciudades fueran habitables?
R. Sí, claro, y la única fórmula de ciudad sostenible es la ciudad compacta:
éste es mi caballo de batalla. Una ciudad con buen transporte público, donde la
gente pueda trabajar, vivir y entretenerse sin recorrer grandes distancias,
donde no haya un centro sino muchos centros vitales, y una ciudad sostenible
desde el punto de vista medioambiental, con un cinturón verde a su alrededor,
para lo cual hay que reconvertir lo que llamamos en inglés "campo marrón", o
sea, los polígonos industriales, donde normalmente se emplazan los centros
comerciales que vacían los centros vitales de las ciudades, que de este modo
quedan reducidos a guetos, como ha ocurrido en tantas ciudades norteamericanas.
P. En cuanto al proyecto para la remodelación urbana de Valladolid con la
llegada del AVE, ¿será capaz de cumplir su objetivo de conseguir el modelo de
ciudad europea sostenible?
R. Es el proyecto más interesante que tenemos entre manos. Pero no se trata
de revolucionar nada: trabajaremos sobre un marco previo que lo configuran las
leyes urbanas, los edificios existentes, nuestros compromisos vitales...
Trataremos de optimizarlo todo para mejorar la calidad de vida de sus
ciudadanos. Es un proyecto fantástico: borrar una cicatriz que recorre y divide
la ciudad en dos, que es la línea férrea; fundir ambas márgenes y soterrar la
nueva vía. Y la cuestión es qué hacer con el terreno o la piel nueva, cómo
densificarlo.
P. En su opinión, Madrid es una ciudad modélica en su transporte público y
sus condiciones peatonales. ¿Puedo preguntarle cuántas veces ha cogido el metro
y el autobús, y con qué frecuencia camina por sus calles?
R. La línea de metro es la mejor de Europa, junto a la de París. En cuanto a
los autobuses, debo reconocer que no los utilizo porque nunca sé bien hacia
dónde van: aún soy un extranjero en esta ciudad. Y las condiciones peatonales
también son buenas, pero el problema es la enorme congestión de tráfico, y a
esto sí que urge encontrarle una solución, tal vez a base de impuestos sobre la
circulación rodada. Madrid es una ciudad fácil en sus comunicaciones porque es
moderna, con grandes y lineales avenidas; lo problemático son las ciudades
construidas sobre estructuras medievales fragmentadas como Londres.
-
P. Lord Rogers, ¿por qué todos adjudicamos el proyecto de la Terminal 4 de
Barajas al estudio de Antonio Lamela y no a usted?
R. Bueno, será que tiene un buen equipo de relaciones públicas [se ríe]. No
lo sé, de verdad, no me preocupa en absoluto. Hemos trabajado muy bien juntos.
-
P. Usted siempre lo cita en sus comparecencias públicas. ¿El estudio Lamela
le ha citado en sus intervenciones, incluso en sus anuncios sobre la terminal?
R. No lo sé, nunca me he fijado, tal vez porque nuestro departamento de
documentación sólo recoge los artículos donde nos mencionan [vuelve a reíse]. La
gente debe sacar sus propias conclusiones: relacionar la terminal con mi trabajo
previo y con el de Lamela, y preguntarse: ¿es más un proyecto de Richard Rogers
o de Lamela?
-
P. Lord Rogers, ¿por qué dejó el estudio Lamela para asociarse con el de Luis
Vidal?
R. Bueno, aquella relación fue planteada para un solo proyecto. Luis, que es
una persona estupenda, se independizó de Lamela pero siguió manteniendo una
relación muy estrecha con uno de nuestros principales arquitectos, Simon
Smithson, porque ellos fueron los principales responsables del proyecto de la
T4, y esta relación ha vuelto a reunirnos. De modo que ahora estamos cerrando el
resto de oficinas fuera de Londres para quedarnos sólo con ésta: aquí se vive
estupendamente.
-
P. ¿Por qué siempre necesita un socio?
R. La arquitectura no se hace individualmente, sino en equipos.
-
P. ¿Es su manera personal de luchar contra el individualismo?, ¿no es cierto
que detesta el individualismo?
R. No, no es cierto: hay algunas actividades que se hacen mejor
individualmente. Mi mejor colega, Renzo Piano, suele trabajar en solitario.
-
P. ¿Y el concepto High-Tech, por qué lo odia?, ¿qué significa realmente?
R. No, lo que odio es la palabra. Las etiquetas nunca las inventan los
creadores, sino los historiadores, a quienes les encanta empaquetar lo que otros
crean. La idea parte de un movimiento británico que pretendía utilizar la
tecnología como un tipo de lenguaje.
-
P. ¿Y funcionalidad, qué es?
R. Es parte de la arquitectura, que es una fusión del arte (movimiento,
belleza, ritmo) y la ciencia (función).
-
P. Lord Rogers, esa fusión entre ciencia y arte se encuentra en sus raíces
familiares: una familia envidiable que no pudo procurarle una infancia demasiado
feliz. Esos internados británicos a los que fue enviado desde su Italia natal al
estallar la II Guerra, ¿fueron tan dickensianos como uno los imagina?
R. Fue bastante cruel para un niño de 6 años. Mi familia se trasladó a
Inglaterra y mis padres trabajaban, por tanto tuve que ir a un internado que sí
odiaba. Además, yo soy disléxico y entonces era algo que no se reconocía, de
modo que me tomaban por idiota. Sí, tuve dificultades; pero tal vez por eso
cuanto mayor soy más disfruto de la vida.
-
P. ¿Todavía sufre dislexia?
R. Sí. Puedo leer sin dificultad, pero tengo muy mala memoria para recordar
nombres, poemas, canciones... este tipo de cosas. Y deletreo mal, pero tengo
gente estupenda que lo hace por mí...
-
P. Los problemas continuaron en la escuela de arquitectura, donde usted mismo
cuenta que no era bueno ni en dibujo ni en expresión escrita. ¿Cómo se las
ingenió para llegar a ser un arquitecto estrella?
R. Pues haciendo malos dibujos [se ríe]. Bueno, se consigue. La arquitectura
es una profesión tan amplia que puedes rodearte de gente especializada en cada
materia: arte, microdetalles, macroestructuras, política, negocios... Y como uno
no puede hacerlo todo, pues aporta lo mejor que tiene.
-
P. Hablando de arquitectos estrella, aquel estudio primero que fundó junto a
Norman Foster y las mujeres de ambos, el Team 4, ¿funcionó o fue simplemente un
sueño?
R. No, no, los primeros cuatro años fueron fantásticos y funcionó, pero nos
quedamos sin trabajo. Además, los dos tenemos caracteres muy fuertes y esto, a
la postre, siempre complica las cosas. Entonces fue cuando empecé a trabajar con
Renzo Piano.
-
P. ¿Cómo son hoy sus relaciones con Foster?
R. Todavía somos viejos amigos, hablamos con frecuencia.
-
P. ¿Y quién brilla más de los dos, quién es más influyente?
R. Oh, no tengo ni idea: decídelo tú misma.
-
P. Pues supongo que usted, que tiene más peso en la política, ¿no es cierto?
R. Sí, pero su estudio es mucho mayor, son unas 800 personas. En cambio, yo
tengo siempre en torno a 100 colaboradores, 130 ahora mismo: una medida que me
permite mantener la comunicación personal y artística con todos ellos. Y cada
vez limito más mi círculo de acción, porque uno pierde muchísima energía
viajando de una punta a otra del planeta. (Enviado por:
Raul E. Matos. , Mexico)
|